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MARCELO SOSA - UN ORFEBRE DE LA POESÍA MUNDANAL


Casi currículum: nací hace un montón de tiempo, cerca de medio siglo, lo que en Uruguay me califica como joven promesa. Tengo esposa, madre, hermana, sobrina: lo que me hace un tipo muy feliz. También amigos de dos y cuatro patas, gente que me sigue queriendo desde otros planos de existencia y gente que quiero y me quiere en este. 
He trabajado en muchas cosas, hasta que desemboqué en la Universidad, lo que según cierta ministra me califica entre los más privilegiados.

Participé en un par de libros colectivos, Juntapapeles (1996) y Cuenteros y Algo Más (2015), con poemas y cuentos respectivamente.

Me considero un pionero de la poesía en internet: ya en la década del 90 (prehistoria) publiqué poemas en lugares como AriadnaArgosLetralia (que todavía vive y lucha, magnífica revista literaria venezolana, con gran rigor para la publicación de sus textos). Gané un concurso sin premio en metálico en un sitio brasileño que ya no existe. Participé de un proyecto ambicioso, Las elecciones afectivas, que recoge una cantidad impresionante de poetas uruguayos y fui mencionado y publicado por un antólogo español, también poeta, Joaquín Piqueras, así como por la poeta venezolana Natalia Lara.
Participé también en varios sitios de poesía social, lugares donde se juntan escritores profesionales y gente que recién empieza, como Escribe YaTextale (de estos dos sitios por distintas razones borré todos mis textos, pero valieron como experiencia), y escribo actualmente en el sitio uruguayo Letras y Algo Más, que tuvo una gran aceptación en muchos países de habla hispana: hay escritores desde Chile a Canadá, desde Ecuador a España.

Escribí artículos exclusivos para elMontevideano Laboratorio de Artes, lo que ha sido un honor por el rigor de sus publicaciones, y desde 2011 tengo mi propio blog, No me tires yerba en el teclado, que llega a unas 20.000 visitas y tiene más de doscientos setenta textos de todo género. Textos degenerados, vienen a ser.

También tengo mis cosas para contar, incluyendo un plagio (que me hicieron), o las maravillosas interacciones logradas en redes sociales. En octubre de 2013 junto a José Luis Machado integramos una muestra de escritores inéditos del grupo Abrelabios y leímos nuestros poemas en el stand de la Casa de los Escritores del Uruguay en la Feria del Libro de Montevideo.

Participé en la obra de danza y teatro Míticas, escribiendo la mayoría de los poemas que fueron luego interpretados en escena por esas maravillosas bailarinas de Al Danzar. El espectáculo fue dirigido y coreografiado por Marina Sosa y llegó a escena en julio de 2014.

Estudio literatura en el Instituto de Profesores Artigas, y letras en la Facultad de Humanidades, lo que me da cierta deformación profesional. Uno termina escribiendo casicurrículums esperando conseguir trabajo.

Adjunto links:



¿A quiénes reconocés como los principales referentes de tu trabajo poético?

Viene complicado. Vamos a separar entre referentes, que lo entiendo como eso que se cuela en la voz de uno como temas y como estilo, e influencias, que no necesariamente se puede ver reflejado, pero son esas lecturas que te van marcando.

Como referentes, Benedetti, sin duda. Otros no tan obvios pueden ser Ungaretti, en su brevedad, su búsqueda de la palabra; Roque Dalton, en su ironía; Gelman, con su calle. Todos estos se pueden considerar tipos que lograron una voz que en mi caso apenas llega al grado de intento.

Entre influencias, citar a Miguel Hernández, Enrique Lihn, Jorge Castro Vega (gran poeta uruguayo del que se puede conseguir muy poco), Enrique Estrázulas, Alfredo Zitarrosa, Borges, Vallejo. Uno no puede leer a esa gente y seguir igual. Por suerte. Son como colores. La gente sin influencias no es original, es gris.

¿Cómo valorás la irrupción hegemónica que tuvo la generación del 45 en nuestro panorama cultural?

Con la generación del 45, salvando distancias de variada índole, encuentro que pasó algo muy parecido al maracanazo: fue la gloria que no podemos superar porque permanentemente nos comparamos con ella. Ojo, dije salvando distancias, una fue una gesta increíble y la otra fue una conjunción de estrellas intelectuales como muy pocas veces se da en la historia. Creo que a lo sumo se puede comparar con las generaciones del 98 o del 27 españolas. Ahora que hay una obsesión que no es sana con esa generación, también es cierto. La cultura uruguaya no se agotó en esa generación, y por más que hizo escuela, hay otras maneras de decir y pensar el Uruguay.

¿Te considerás un escritor con calle?

Me considero con cancha. Cancha chica, el Viera, Belvedere, Méndez Piana. Tomo más mate en la calle que café en los boliches (de más joven era al revés, caramba), ando mucho en ómnibus y trato de ver. La calle (no confundir con las mismas palabras sin espacio, cambia completamente) tiene su propia voz, sólo hay que parar la oreja. En la cancha se escuchan cosas memorables, la gente se suelta mucho más que en otros lugares. En la feria también. Uno lee, pero si no tiene ojos, si no tiene oreja, se puede cantar a la espuma del mar de un cuadro de Hokusai, pero no le podrás contar a la gente del olor a sal cuando ruge la tormenta en la rambla Sur; podés hablar a la gente de tus experiencias culturales, pero no podés decir nada de una lágrima escaparse en un 128, de una solitaria plantita de alegrías en un balcón de la Avenida Uruguay.
En otras palabras, el que pierde si no dice esas cosas es uno. Habrá, o no, otros poetas que lo canten, pero uno se pierde esa experiencia.

¿Cómo se apodera de vos la poesía mundanal cuando aullás en la tribuna de la cancha de Wanderers?

La belleza (así, con minúsculas), tiene muchas caras. Creo que el que se pierde una moña a tres metros del alambrado, el que no se ha fundido en un grito de gol y abrazado a un completo desconocido porque estaba cerca, el que no ha sentido la imperiosa necesidad de protestar un penal no cobrado, se pierde una de esas caras. Tiene otras, claro, pero acá, en esta tribu artiguista, esa forma de belleza es también una forma de identidad. No exclusiva, pero atrapa si uno la deja. Y yo me entregué por entero a esa pasión blanca y negra que llevó con orgullo el gran Obdulio. Dejo escapar mi irracionalidad por ahí, y me encanta.

Luego uno extiende esa pasión a la camiseta celeste y te das cuenta que en el mundo venimos a ser un cuadro chico. Que a veces les pega tremendo susto a los grandes. Entonces la belleza se convierte en gesta. 



1 comentario:

José Luis Machado dijo...

Excelente Marcelo. Abrazo... Desde mi trinchera.

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