lunes

Jaime Buhigas - GEOMETRÍA SAGRADA: la filosofía y mística del número


https://www.youtube.com/watch?v=cTesEnLuWrc&list=PLb-9YgKDd3oA4bxtP13V6FEXYVD1eRI8Z


Presentación de Jaime Buhigas del Curso teórico-práctico dirigido a alumnos con conocimientos previos de Geometría Sagrada o profesionales del Diseño, la Arquitectura, la Composición, el Arte, la Música o la Salud.
Conociendo los fundamentos de la Geometría Sagrada como premisa, el curso es un taller teórico y práctico para la aplicación de dichos conceptos. En base a una programación general dedicada a algunos de los principales geómetras de la historia y sus textos más importantes, cada alumno desarrollará a lo largo del curso, su proyecto particular en el que desee aplicar la geometría sagrada:
• diseño • arquitectura • simbología • estudio de catedrales y templos • salud • análisis de obras de arte
• música

domingo

Guillermo del Toro: “Uno vive para afrontar los últimos tres minutos de su vida”


El cineasta da una apasionante y subversiva clase magistral ante un millar de personas en el festival de Málaga.


https://www.youtube.com/watch?v=tM87IiqhBzg


Había un millar de personas viendo en el Palacio de Congresos a Guillermo del Toro, premio de honor del festival de Málaga, y en un momento de su clase magistral a todos quedó claro que delante había no un cineasta consagrado por su obra y por los premios, sino un narrador como pocos, un artista que domina el tiempo y el espacio, un flautista de Hamelín que controlaba el pulso de la audiencia. Y ese momento de revelación llegó cuando el triunfador de la última ceremonia de los Oscar explicó que en realidad todo se hace para los últimos tres minutos de nuestras vidas. Un tiempo del que muchos sí serán conscientes y encararán de las únicas dos maneras posibles. Se hizo el silencio en el auditorio, y el director de Cronos, La forma del agua o El laberinto del fauno electrificó a la audiencia: “Uno vive para los últimos tres minutos de su vida. No sé si habéis visto al alguien fallecer, pero la gente muere con absoluto terror o absoluta paz. Porque entonces ven su vida con absoluta desnudez y con la claridad completa de que se están yendo. Por eso piensa en tus decisiones, porque eso es lo que verás en ese momento. Porque todo lo que hagas volverá, y será en esos tres minutos. Yo a veces hago algo y pienso: ‘Para esos tres minutos”.
Era casi al final de una charla con Antonio Trashorras, su coguionista en El espinazo del diablo, y el español que mejor conoce la obra de Del Toro. Trashorras fue lanzándole temas al cineasta, y este respondía con su talento. Trashorras avisó al público: "Pocos genios del cine son capaces de verbalizar sus decisiones y explicar su obra. Y Guillermo es uno de ellos". Efectivamente, el mexicano repasó sus opiniones sobre su vida y, sobre todo, su cine, y el cine en general. Empezó recordando. "En el cine, especialmente desde el advenimiento del sonoro, hemos heredado convenciones de la dramaturgia. Por eso, en cambio, el musical es un género 100% cinematográfico", ya que aúna todos los elementos cinematográficos. Mirad, hay muchos que discuten las películas desde el guion, es muy habitual hoy en día. Mal, eso es como hablar de la pintura desde su tema. Es esquemático".
Y siguió con su lección: "El cine no es química, es alquimia, es una multiplicación de símbolos". ¿Cómo tiene que ser un director? "Un director debería de saber algo de todas las áreas que componen una película y mucho de algunas. Cuanto más de muchas, mejor. Por eso nunca nunca te aburres: estás siempre absorbiendo información. El director recoge cosas inútiles para contar historias. Usamos mentiras para hacer una realidad".
Tampoco se anduvo con chiquitas al hablar del dinero. "El presupuesto de una película es un estado mental: el dinero lo ves de manera distinta según tu estado de ánimo o tu edad. El cine con absoluto no existe: no existe el absoluto dinero ni la absoluta libertad. Dentro de lo que tienes, no te quedes quejándote de lo que tienes, sácale partido estructurando buen claro lo que necesitas. El instinto importa más que el dinero. Nadie se ha metido conmigo creativamente excepto en Mimic. El problema surge cuando llega el marketingpara la venta de película, porque hay que recuperar el dinero invertido. Con menos presupuesto puedes vender tu película por lo que es, no inventarte armas falsas de venta".
Por esa senda llegó Del Toro al éxito y al fracaso. "Somos una sociedad obsesionada por el triunfo, y eso es un error porque todo es temporal. Yo he escrito 11 guiones que no he filmado. Pero a todos los cineastas les pasa. De un fracaso aprendes un montón, de un éxito aprendes bien poquito. Tienes que hacer las paces con el fracaso. Lo único que tienes que ofrecerle al mundo son tus defectos y tus virtudes, y son importantes ambos". Contó que en este año de barbecho que se ha tomado de la dirección, no de otras facetas, anda dándole vueltas a un guion para una película de cine negro. "El cine negro es la fabulación de la sociedad americana. La europea crea la novela detectivesca, que es otra cosa. El horror y el cine negro, los dos grandes géneros cinematográficos de los años cuarenta en EE UU, recodifican el expresionismo alemán. Ambos hablan del terror social, por eso son tan americanos".
El mexicano prepara también un documental en el que entrevistará durante dos semanas, para cada uno, a George Miller, Michael Mann y Ridley Scott. Habló algo de la obra de Miller y su saga Mad Max y mucho sobre la manera de crear de Mann. "Pensemos en Heat: cuando sus protagonistas no roban bancos la imagen es estática, fría; en los robos, Mann trabaja con cortes infinitos. Cuando no están robando, están esperando. Nada en la elección formal de una historia es gratuito. Nada es golosina, todo es proteína". Y empezó a deconstruir la narrativa del cine. "La narrativa cinematográfica es toma de decisiones audiovisuales. No es solo algo que verbalizan los expertos, todos la vivimos en nuestro día a día porque estamos rodeados de imágenes. Otra cosa es que sepamos verbalizarlo. Con la cámara y con el sonido adjetivas el momento. David Lynch, por ejemplo, usa las frecuencias bajas, que recuerdan a un volcán a nuestro cerebro reptiliano, para darnos miedo. Operamos como cineastas con dos instintos: el domesticado, que tiende a que rodemos con lo aprendido durante cien años de cine, y el otro, que dice que no tiene que ser así, Y ese es el que te va a revelar. Como dice un dicho zen, en el obstáculo está el camino. Un defecto es una virtud mal mirada. A mí me atrae mucho el componente de caer en el ridículo". ¿Le importa el público? "Claro, pero no para llegar a todos. Lo importante no es la cantidad del contacto, sino la profundidad del contacto. Lo demás es demografía: a cuánta gente le gustó".
Para los futuros directores, los actuales directores de cine, aconsejó: "En el guion tienes que tener claro hasta los movimientos de cámara porque debes haber preparado el decorado con ello. En todo caso hay que estar listo para que cuando ocurra una sorpresa puedas agarrarla. El accidente está ahí para que lo tomes como oportunidad".
Todo lo anterior Del Toro lo iba salpimentando de anécdotas de sus rodajes, de chascarrillos, de recuerdos de su vida, y al final le quedó este mantra: "Lo que más me interesa de contar historias son los mundos que hay dentro de los mundos". Y puesto en pie, recogió el cariño y la veneración de los asistentes.


"LA TERQUEDAD SOSTENIDA SE CONVIERTE EN ESTILO"

Por la mañana, antes de la clase magistral, Guillermo del Toro sostuvo una charla con la prensa en la que repasó la actualidad horas antes de recibir el premio de honor del certamen malagueño. Allí también estuvo brillante, cuando observó que en su carrera hay "coherencia", pero poco más: "Lo que ocurre es que la terquedad sostenida se convierte en estilo".
De la noche de los Oscar recordaba la sensación de darse la vuelta en el escenario y ver "un mar de caras que era como un catálogo de cine". Y sí disfrutó de un añadido: "Fue la primera vez que mi padre entendió mi oficio. El Oscar es bello, y pesa mucho. Mi padre lo cogió y sonrió de una manera muy bella. Los hombres mexicanos somos de pocas palabras dentro de casa...".
Para el cineasta, "no hay un mundo de la industria del cine, hay mundos. Si eliges una carretera para llegar a un lugar y te quedas en una sola industria es tu opción, pero puedes escoger o filmar en Europa, en América o de forma independiente. No te cierres las opciones. No te cases con una sola forma de hacer cine, porque hay mil maneras de hacerse y mil maneras de verse. Y desde luego, si hay alguien que ya está haciendo las películas que tú quieres hacer, quizás no sea urgente que las hagas, porque hay que hacer las que te urge ver".
Del Toro abrió la puerta a producir cine en España, algo que ya hizo con J. A. Bayona o Guillem Morales, y que sigue haciendo en México. "A Bayona lo sueltas en un paraje desértico, vuelves diez semanas después y ha montado un estudio", bromeó.
Cuando se le preguntó por Trump, afirmó: "Ahora estamos en un momento casi posnarrativo. Eso hace que nunca el oficio de vertebrar historias, y lo digo para periodistas, escritores o directores de cine, haya sido tan urgente e importante como hoy". Como artista subrayó que "lo más arriesgado hoy es la emoción". Y desveló sus compras de Blu-rays en unos grandes almacenes: "Verano 1993, El hombre de las mil caras... y luego estoy renovando y cambiando mis viejos DVD por Blu-Ray. Así que compré otra vez La estanquera de Vallecas o El espíritu de la colmena, del maestro Víctor Erice, porque la infancia del personaje de Ana Torrent es como la mía, y eché en falta muchas cosas, como películas de Julio Medem".

El País
Málaga 

CARSON McCULLERS: VIAJE A LO PROFUNDO DE NUESTRA HUMANA ESENCIA


por Marcela Furlano

El año pasado se cumplieron 50 años de la muerte de Carson McCullers y 100 de su nacimiento. Ese nombre –en realidad compuesto por dos apellidos– era toda una señal en esta escritora acostumbrada a romper todas las reglas sociales de su época y no pocas también en la literatura.

Por eso es tan auspicioso que como parte del ciclo Plus+Arte que se desarrolla este viernes en la bodega Monteviejo a partir de las 15, Laura Galarza (psicoanalista, lectora apasionada y escritora) brinde una charla para conocer más o descubrir a esta enorme narradora norteamericana.

Amiga de Truman Capote y Tennessee Williams, sus obras –al igual que la de esos escritores– fueron llevadas al teatro y al cine, aunque no consiguió la popularidad de sus colegas, a los que les iba a la par en talento.

Laura Galarza explica el especial significado de que en un ciclo como el Wine Rock (el Plus+Arte se desarrolla un día antes) se incluya a una escritora como Carson McCullers, que cual estrella de rock rompió paradigmas y prejuicios, desde el sexo hasta luchar contra el racismo y favorecer la aceptación de la homosexualidad y las personas que eran, de un modo u otro, diferentes.

"Antes de casarse con Reeves McCullers –su nombre de soltera era Lula Carson Smith– habló con sus padres y les dijo: 'Yo antes de casarme con mi novio tengo que tener relaciones sexuales con él, porque si no, no voy a saber si mi matrimonio va a funcionar'".

En esa época los padres se podían infartar con una propuesta de ese tipo por parte de su hija...

(Risas) Eran los años '30 y no era usual que una chica de 19 años hiciera un planteo así, de manera abierta. Pero creo que sus padres fueron grandes mentores, porque no se asustaron con esta niña prodigio que habitaba su casa. Fue una mujer revolucionaria y sus padres la apoyaron en cada una de sus decisiones, es más, la mayor parte de su obra la escribió en su casa natal.

Para muchos, la poderosa personalidad de Carson terminó por eclipsar un poco su obra, desde sus relaciones con otras mujeres hasta su gusto por vestirse de hombre...

Absolutamente. Ella estuvo mucho tiempo enamorada de la fotógrafa Annemarie Schwarzenbach, a la cual le dedicó libros, pero realmente ella era un alma libre y cuando alguien le hablaba de condicionamientos o la quería acorralar con el tema de sus elecciones sexuales, ella no respondía. Tenía una mente increíble y eso se refleja en su literatura, de hecho, cualquier cuento que puedas leer de ella podría ocurrir acá, a la vuelta de la esquina, y eso te habla de esa cabeza que trasciende las fronteras y los tiempos.

Algo muy singular en sus obras, es cómo retrata un mundo muchas veces difícil o tortuoso, que es la adolescencia. ¿Es un camino que la acercaría los lectores jóvenes?

Por supuesto, hasta podría ser parte de las lecturas obligatorias de cualquier colegio secundario. Ella logra retratar ese pasaje de la niñez a la adolescencia, la incomodidad de esos años. En varios de sus cuentos y en sus novelas, aparece un personaje que es un adolescente, de esos que no van con el sistema. Ese momento espiritual lo capta tan bien, que en un punto todos nos identificamos con estos personajes, no sólo porque hay partes nuestras que siguen siendo rebeldes a lo que se nos impone o al sistema, sino porque en definitiva ella siempre está hablando de lo humano.

Siendo vos psicoanalista, ¿por qué te interesaste tanto en la obra de Carson McCullers?

Mi interés por la literatura no llegó de la mano del psicoanálisis. Soy psicoanalista, trabajo de eso, pero primero llegué a la literatura y después al psicoanálisis. Leo y escribo desde muy chiquita. Particularmente a Carson la descubrí en el taller de Guillermo Saccomanno. Todo lo que sé de literatura lo aprendí en su taller, con él estudié diez años.

¿El les acercó textos de Carson?

Hasta el día de hoy recuerdo el momento en que Saccomanno llegó al taller, abrió El corazón en un cazador solitario y leyó la primera página y esa primera frase: "En el pueblo había dos mudos que siempre andaban juntos". A partir de allí, se me abrió todo el mundo de Carson. El año pasado estuve releyendo toda su obra , porque varios de los libros reeditados el año pasado por Seix Barral, nunca habían llegado a nuestro país.

¿Cuáles de ellos?

Por ejemplo El mudo y otros textos, que es un libro que en realidad es el proyecto de obra que Carson McCullers escribió previo a que se editara El corazón es un cazador solitario, que se llamaba originariamente, El mudo. Ese libro es el proyecto de novela que ella le mandó al editor –tengamos en cuenta que tenía 19 años– y vos lo leés y es de una perfección no de una chica de 19 años que escribe su primera obra, sino de alguien consagrado.

¿Cómo se va a articular tu charla?

Va a estar amenizada con música. Carson, antes de ser escritora, de niña fue concertista de piano y luego ella cambió de vocación, podríamos decir, pero la realidad es que eso está presente en toda su literatura, no sólo por la musicalidad de su obra, sino porque realmente está presente. De hecho, en el cuento que yo voy a leer se nombran un montón de obras de Bach o Beethoven, por ejemplo. Por eso vamos a escuchar un poco a Carson y otro poco de esa música que ella también escuchaba.

(UNO / 6-4-2018)

RAQUEL VILLAAMIL - LA PRIMERA MUJER SURFISTA DEL URUGUAY


por Javi González

Nuestra entrevista del mes es con Raquel Villaamil, la primera mujer surfista del Uruguay. Un ejemplo viviente de pasión por las olas, que han sabido transmitir junto a su marido Fermín Lorenti, a sus hijos Martina y Alfonso. Conversamos en “La tribu”, su casa de Rincón del Indio, acompañados de dos albumes de fotos que ilustran el comienzo y los primeros pasos del surf uruguayo. Mucha historia está presente en estas imágenes que atesora Raquel y sirven para tejer la trama del tiempo. Es que su vida y la de la familia Lorenti-Villaamil gira en torno al surf. “Vispo le hizo una tabla a Fermín cuando tenía 10 u 11 años, en el año 61. Es una canoíta, Vispo le decía a Fermín que tenía que tomar la ola y que cuando lo llevara, tirara los remos y se parara. Entonces él hacía lo que Vispo le decía. Después, esa canoita pasó a manos de los hijos, Jordi o Carlitos, porque él tuvo dos hijos. Vispo era muy amigo de los padres de Fermín, sobre todo del papá”, recuerda, y así nos sumergimos en un fascinante viaje que compartimos a continuación.

¿Qué me podés decir de Vispo Rossi como conductor y mentor de la primera camada de surfistas uruguayos?

A Vispo lo conocí cuando volví de Estados Unidos, en el año 1967, fui a hacer un intercambio (años 66/67) a California. A la vuelta, luego de ver todo lo que pasaba allá, convencí a mi papá de que me regalara una tabla de surf. Vivíamos en Montevideo y mi padre me regaló un tablón Rick, de tres metros. En esa época eran tablones… yo tenía una amiga que vivía en Barreiro, en la rambla de Pocitos. Y me comentó que en la casilla de salvavidas de Barreiro se reunían una cantidad de chicos con tablones. Y era Vispo el salvavida de esa casilla que había empezado con todo lo del surf.

Creo que había visto una revista de surf, pero la canoíta la había construido mucho antes de que Ariel González le mostrara una revista de surf que le había mandado un amigo. O sea que él nos incentivó a todos, nos reuníamos a cantar y tocar la guitarra.

¿Qué te motivó del surf en un primer momento?

Siempre me encantó el mar, en California vi mucha gente surfeando y pensé en hacerlo cuando volviera a Uruguay.

¿Y las olas?

Y… casi nunca habían olas en Pocitos. Solamente cuando soplaba un pampero muy fuerte. Entonces lo que hacíamos era remar: hacíamos el triángulo, que era ir hasta Trouville todo remando, volvíamos a Kibon y después hasta la casilla para entrenarnos. Así, cuando teníamos oportunidad de ir a Punta del Este o La Paloma estábamos bien. Y si había tormenta, corríamos en Pocitos. Se corrían olas en serio, no tenían fuerza, pero eran olas.

¿Cómo se fue dando el viaje hacia el este de esta primera tribu?

Se fue dando porque nos dimos cuenta de que cuanto más hacia el este, más océano era y mejores las olas. Por ejemplo, Vispo y todos sus amigos se hicieron casa en La Paloma. Nosotros empezamos a hacer surf en Solís, porque yo tenía casa en Bella Vista, arriba de la mejillonera. Íbamos a Piriápolis también, a Punta Negra y Punta Colorada. Y después llegamos a Punta del Este.

Contanos de la conexión con Punta del Este…

En el 69, mi papá tenía una casa de artículos deportivos “Villaamil”, de pesca, camping y artículos de campo: faroles, heladeras, y abrió una casa en Punta del Este, donde empezamos a importar tablas. Fuimos el primer surf shop del Uruguay: importábamos los trajes O´Neill y las tablas Hansen, de California. Veníamos todos los veranos.


¿Cuándo se instalaron definitivamente?

Nos instalamos con Fermín a vivir mucho después, en el 1985. Mi hermana Gabriela vino antes y mi hermano Luis también. Ahora estamos toda la familia, porque mi hermana Rosario también se vino.

¿Cómo era surfear en esa época?

En Pocitos éramos Vispo y sus amigos. En el este del país, estaba el grupo de los argentinos, que era Adolfo Cambiasso, Diego Fernández, Lacrosse, Azulay, los Litman, el Tano Pugliese. Después estaban los Piscione: Donato y José María y más tarde los chiquitos. También estaba Julio Badín, que sigue vigente con su tablón. Empezamos a finales de los 60.

¿Dónde corrían en Punta del Este? Supongo con olas sin gente, todo una aventura…

Cuando abrimos el surf shop, fue que nos hicimos amigos del grupo de argentinos y los pocos uruguayos que vivían acá, más los que venían de Montevideo. En esa época era El Emir, si teníamos transporte podíamos irnos hasta Manantiales, y “El Barco”, que es Los Dedos actualmente. Le decíamos así porque aún estaba el “Santa María del Luján” y había hecho un banco buenísimo. Y también La Olla.

¿Cómo era ir para el lado de La Barra?

Para ir a La Barra lo que era difícil era ir desde la Punta, porque el camino viejo, que todavía hay una parte por la parada 30/31, se tapaba completamente cuando había tormentas y teníamos que llevar palas y tablas para llegar al puente. Los médanos tapaban todo, era impresionante. Ahí cruzábamos hasta Manantiales.


¿Cómo eran los campeonatos de principios de los años 70 en Manantiales?

Había categorías Junior, Senior, niños de 13/14 años. De mujeres hubo solo un campeonato, que fue el único que corrí y gané. Al principio no estaba la categoría de mujeres.

En el año 94 tuve otra chance de competir: fue cuando Pablo Etchegaray estaba como presidente de la ASU (Asociación de surf del Uruguay) y había un campeonato internacional en Rio de Janeiro. Pablo me llamó a ver si quería ir y le dije que no, pero que Martina corría olas. Y así fue que mi hija Martina viajó con 13 años a competir, acompañada por Fermín. También fue Celia Barboza, que ya había representado a Uruguay en el 93 a Isla Margarita en Venezuela.


Si tuvieras que recordar una anécdota imborrable de las primeras épocas…

Primero decir que éramos todos amigos, seríamos 20. Compartíamos las olas mucho más que ahora. Después de surfear en los veranos en Punta del Este (en Manantiales rompía buenísimo en frente a la casilla y no habían construcciones de ningún tipo), planeamos irnos a Brasil. En marzo empezamos a irnos en grupo a Brasil. Luego de la visita del hawaiano Joey Cabell, que nos contó de Imbituba y sus olas. Decidimos irnos con mi hermano, con Fermín, los dos Piscione y Jorge Campomar. Nos fuimos todos juntos a acampar a Imbituba. Pasamos bárbaro y lo repetimos por varios años, todos los que podían se sumaban al viaje.

Era otro Brasil, otra costa…

Totalmente. Íbamos a Laguna, cuando soplaba el viento sur, que daba unas olas preciosas. Al Farol de Santa Marta. Florianópolis no existía, solo la parte vieja, pero las playas no había nada, era increible. Esto que te cuento fue del año 70, hasta el 76.

¿En qué iban?

Mi mamá nos prestaba su camioneta Peugeot. Teníamos unos racks para colgar las tablas, que los copiamos de los que usaban en Estados Unidos. Los Piscione iban en un Ford Falcon. Una vez algunos fueron en un Meharí, y una pareja de una peruana casada con un uruguayo se fueron en moto Yamaha. Acampábamos en las playas, comprábamos pescados a los pescadores, únicos habitantes de esos lugares. Garopaba, Praia do Rosa, eran solamente pueblitos de pescadores.


¿En qué momento sentís que el surf se volvió popular?

Para mí fue de repente, empecé a ver muchísima gente en el agua a finales de los 80, principios de los 90. Sobre todo chicas, que cuando yo empecé creo que fui la primera. Y después empezó la hermana de Fernando Bessega, Rina. Éramos amigas. Después, era muy difícil ver una mujer en el agua. Hasta finales de los 80, que mi hija Martina empezó y también lo hicieron varias chicas.

¿Desde cuándo los tiraron al agua a tus hijos?

Nosotros les enseñamos desde los dos o tres años con los Morey Boogie y se paraban ahí. Estábamos fascinados porque era algo familiar, nos metíamos todos al agua.

¿Cómo vivís el surfing actualmente, es algo que está presente en tu vida?

Ah, sí, todos los días. Hubo una época, cuando mis hijos eran muy chiquitos, que dejamos un poco de tirarnos en el invierno. Nos dedicamos bastante a jugar al tenis. Pero después, cuando Martina y Alfonso se hicieron fanáticos, nosotros con Fermín volvimos a surfear en invierno, porque además habían trajes de goma. Fijate que cuando empezamos no había trajes ni leash.


¿Cómo es ir a surfear con tu marido?

Casi siempre vamos juntos. Algunas veces si la ola que él va a correr no me sirve, me voy a otra playa. Si me sirve la ola que él corre, nos tiramos juntos. También me tiro casi todos los días con mi hermana Gaby. Y me encanta cuando estamos toda la familia en el agua: Marti, Alfo, Fermín, y mis sobrinos Lucca, Talia, Agus, Fede, y Gabriel.

La escuelita “Bagus” de Martina es un clásico de La Posta: ¿cómo se dio?

Las dos primeras escuelitas que abrieron acá fueron las de Martina y la de Diego Umpiérrez, en La Olla. Que ahora es la de Juan Malek. Martina empezó en Manantiales, porque nos íbamos los veranos ahí. Alquilábamos la casa de Rincón del Indio y nos mudábamos. Entonces nuestros hijos aprendieron a surfear ahí. A Martina, distintas personas le pedían que les enseñara. Al final, lo empezó a hacer como una forma de tener su propio dinero y juntar para viajar. Ella empezó a los 18 años, por el año 97 o 98. Después, dado que las olas de Manantiales son más difíciles para enseñar, empezó a llevar sus alumnos a La Posta. Y ahí se quedó. Más tarde fue el boom de las escuelitas: en cada playa hay una ahora.


¿Cómo ves el ambiente actual en el agua? ¿Te respetan o no? ¿Sos de pedir tu ola?

Jamás pido olas. Y en Uruguay no respetan a las mujeres. Es uno de los países que no hay respeto, y mirá que hemos viajado a distintos lugares con Fermín y los chicos. Por ejemplo en Brasil, a mi siempre me respetaron, me daban las olas…decían (con acento brasileño) “que legal, uma gatinha fazendo surf”. Y acá nadie. Menos ahora que tengo 68 años… bueno si estás tu se que me vas a dejar la ola, porque sos mi amigo. Pero, en general, los hombres de Uruguay no respetan a las mujeres.

Si pudieras cambiar algo del surf actual en Uruguay…

Que los principiantes aprendan las reglas del surf. El derecho a la ola por estar en el pico, que si vas y corres una ola, después esperás para agarrar otra. Que no se tiren sin pensarlo en las olas del otro, porque pueden causar un accidente…


¿Cómo es un día de buenas olas en tu vida?

Me levanto con mucha alegría, por lo general voy al “segundo turno”, a eso de las 9 de la mañana. Me acuerdo cuando íbamos a la madrugada con Fermín y Martina era una bebé y nos turnábamos para cuidarla e ir surfear.

Tu ola preferida en Uruguay…

Manantiales es mi lugar, pero también me encanta la Desembocadura, y corrí muchas olas en La Posta, al estar la escuela de Martina ahí.

¿Qué países visitaste y qué olas recordás?

Brasil, Inglaterra, California, Hawaii, Perú, Indonesia, Costa Rica, Panamá, República Dominicana. Visitamos varias veces la isla de Lanzarote (Islas Canarias), donde vive nuestro querido sobrino Christian Hunt Lorenti, a quien iniciamos con Fermín en el surf, por los años 70. Santa Catalina fue uno de los mejores lugares: a mi me gustan las olas grandes, pero no con tubos gigantes. Cuando visité Panamá tendría 60 años y esa ola me encantó: atrás del todo rompía con tubo, yo corría la segunda sección, una ola larguísima y grande, pero no agresiva. Y las olas en Imbituba cuando era joven: fueron grandes olas que corrí.

***Ping Pong final***

Bandas preferidas: Los Beatles y los Rolling Stones.

Una comida: Asado de tira.

Un deportista uruguayo: Luis Suárez. Siempre quiero que gane el Barça por él.

Del mundo del surf: Antes los conocía a todos, creo que Joey Cabell me encantaba como surfer y era muy buena persona. Vino acá y le encantó el Uruguay y tocaba la guitarra. Los hermanos Pardeiro, en especial Carlos Pardeiro que era muy bueno, le enseñó mucho de guitarra. Después se vieron en Hawaii, que viajaron con Ariel González a visitarlo.

Un libro: The Pillars Of The Earth (Los pilares de la tierra) de Ken Follet.

Tu profesión: Me dedicaba a dar clases de inglés. Desde los 18 a los 65 años: me encantó la docencia y me enorgullece encontrarme por todos lados con ex alumnos que me saludan con cariño. Siempre tuve muy buena relación y logré enseñarles.

(Salvaje / 4-4-2018)

ORWELL Y LA CORRUPCIÓN DEL CONCEPTO DE “DERECHO A LA EDUCACIÓN” EN RUGUAY


por Hana Fischer

Con su novela distópica titulada “1984”, George Orwell demostró ser un perspicaz observador de las estrategias utilizadas por los déspotas para subyugar a la población. Destaca que la corrupción del lenguaje para desnaturalizar valores ampliamente compartidos, es una de las más utilizadas. Indica que si las autoridades machacan lo suficiente, podrían llegar a convencer a la gente de que “la Guerra es Paz, la Libertad es Esclavitud y la Ignorancia es la Fuerza”.
Orwell lo denomina la imposición del “doble pensamiento”, que consiste en lograr que las personas acepten simultáneamente dos conceptos contradictorios como lo más natural. Mediante el último de los eslóganes mencionados, se busca anular al espíritu crítico racional para que los habitantes acepten sin más todo lo que les dicen los gobernantes.
En Uruguay, se están realizando escandalosos intentos por corromper el significado de “derecho a la educación”.
Según la UNESCO, ese término ha de entenderse como un derecho habilitante, porque constituye un poderoso instrumento que permite a los individuos social y económicamente desfavorecidos salir de la pobreza, dejar de estar marginados y que participen activamente de la vida comunitaria.
Mediante la educación, se busca formar personas en el más cabal de los sentidos. Es decir, que adquieran conocimientos que les serán provechosos y económicamente redituables, y simultáneamente, vayan adiestrándose en los rigores de la vida adulta contemporánea. Que aprendan a ser tenaces, de que nada se logra sin esfuerzo, que disfruten las mieles de los pequeños triunfos pero que también aprendan a superar las frustraciones.
Una buena educación es clave, porque en gran medida va a determinar los logros futuros de esa persona.
Desde el punto de vista de la personalidad, el período estudiantil va forjando el carácter. Un tema nada menor porque ello repercutirá en la clase de sociedad que tendremos: una conformada por sujetos indolentes o emprendedores; holgazanes o industriosos; que se rinden ante la primera dificultad o perseverantes; por personas fácilmente manipulables o con independencia de espíritu…
Por eso alarma que en Uruguay estén surgiendo iniciativas que corrompen el sentido de la expresión “derecho a la educación”.
Según la Real Academia, “corromper” significa “alterar y trastrocar la forma de algo”, “hacer que algo se deteriore, principalmente cosas inmateriales”.
Esas propuestas pueden ser interpretadas desde diferentes puntos de vista: por un lado, que se está desnaturalizando ese derecho mediante la práctica del doble pensamiento. Y por el otro, que las autoridades educativas ante el fracaso rotundo de su labor, pretendan maquillar las estadísticas al mejor estilo kirchnerista.
Repasemos la trayectoria uruguaya con respecto a este asunto:
Hasta mediados del siglo XX, la educación que se brindaba en los institutos públicos era de buena calidad. Eso hacía que los uruguayos se destacaran en el exterior. Pero paulatinamente, desde la década de 1970 ha venido decayendo, hasta llegar a los paupérrimos niveles de la actualidad.
El sistema educativo –tanto público como privado- es controlado por un organismo estatal centralizado y burocratizado, la ANEP. Debido a ese rasgo, el tipo de formación brindada a los estudiantes está desactualizado y cada vez más alejado del mundo real contemporáneo. En adición, la calidad de la educación va descendiendo en forma vertiginosa. Por ejemplo, aparecieron textos escolares con faltas de ortografía y por experiencia ciudadana se sabe que hay maestros y profesores que incurren en la misma falla.
Las autoridades vienen haciendo diferentes “piruetas” para impedir que los niños con rendimiento insuficiente repitan el año. Por ejemplo, el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) aprobó el acta 119, donde se les “sugiere” a las escuelas limitar la repetición exclusivamente a tercero y sexto año. Además, ofreció a los institutos que acepten esa práctica, recompensarlos con un aporte económico.
La ironía es que casi no hay repetidores de sexto de escuela, porque Primaria exige que todo alumno al cumplir 15 años, obligatoriamente sea aprobado.
Basados en esas “recomendaciones” de Primaria, unos padres presentaron un recurso de amparo ante la Justicia porque la maestra de su hija la hizo repetir “cuarto año”. El juez que atendió la causa le dio la razón a los progenitores, dejó sin efecto la decisión del colegio y “la promovió de grado” mediante sentencia judicial.
En el fallo, el juez Gerardo Álvarez dictaminó que el colegio al hacer recursar a esa alumna, “afectó un derecho intrínseco esencial de todo niño o adolescente que es la razonable expectativa de seguir avanzando en su educación y preparación”. Afirma que la repetición fue un “castigo”, “vulnerando su derecho a la educación”. Además, calificó la decisión de no pasarla de grado como “inaceptable y discriminatoria” porque sugiere que la niña no estaba en condiciones de cursar quinto año.
Al leer esta sentencia, uno se pregunta qué traumas ocultos tendrá ese juez, así como qué entiende por “derecho a la educación”. Lo que sí es claro, es que su forma de considerar el asunto es típica del “doble pensamiento”.
También las autoridades de Secundaria razonan en forma parecida. Los resultados arrojados por laspruebas PISA demuestran que la adquisición de conocimientos por parte de nuestros liceales es un desastre. Y eso no es lo peor sino la deserción estudiantil: tan solo el 38,9% logra finalizar el nivel medio (sexto de liceo).
Frente a ese panorama, Andreas Schleicher -director de Educación en la OCDE- recalcó que “el elevado nivel de repetición es claramente uno de los problemas de Uruguay, que muchos estudiantes tengan que repetir genera problemas. Es algo en lo que se deberían tomar medidas”.
Ante ese lapidario diagnóstico, ¿cuál “remedio” están considerando las autoridades educativas?
En un documento elaborado en 2017 por Antonio Romano –subdirector de Planificación Educativa de la ANEP- titulado “Regímenes de pasaje de grado en el marco de una educación para todos”, califica peyorativamente a la repetición como un “vestigio del viejo régimen académico”. En consecuencia, aconseja eliminar la repetición, crear grupos multigrado y sustituir los exámenes por otro tipo de “instancia reparatoria”.
Romano señala que las decisiones sobre recursar un grado, que afectan la continuidad de la trayectoria educativa de un alumno, deben ser abordadas considerando no sólo el nivel de conocimiento alcanzado, sino “principalmente, cuál es la mejor opción para asegurar la continuidad de una trayectoria educativa de calidad”. Expresa que estudios recientes establecen que la repetición es uno de los principales predictores de desvinculación del sistema educativo.
Afirma que si se quiere ir hacia una educación que garantice el derecho de todos, “es necesario rever los regímenes académicos en educación media para poder generar oportunidades de conclusión del ciclo sin retención (repetición) de estudiantes por grado”.
Las ideas de Romano y de Primaria están siendo seriamente analizadas por la ANEP, como “solución” para “mejorar” el pasaje de los estudiantes por el sistema educativo.
Los argumentos con los cuales la ANEP pretende mejorar las estadísticas con la excusa del “derecho a la educación para todos”, encuadran perfectamente en el eslogan “la Ignorancia es la Fuerza”…
O sea, que no importa si los chicos efectivamente han adquirido los conocimientos y habilidades necesarios para desempeñarse exitosamente en el mundo sino que “parezca” que así fue. Alegría momentánea que seguramente pagarán con creces al precio de futuros fracasos. Campo orégano para inclinarlos hacia la delincuencia.
Pero lo peor es que estaremos construyendo una nación de seres fácilmente manipulables por los gobernantes…

(1-4-2018)

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