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BEATRIZ GARCÍA LAGOS DE BAYCE - TEOLOGÍA Y HERMENÉUTICA EN LA GENERACIÓN CRÍTICA


por Jorge Liberati
  
(Texto leído el 15 de noviembre de 2017 en el homenaje realizado a Julio Bayce y Beatriz Lagos de Bayce, con motivo de la apertura del archivo digitalizado de su legado cultural)
  
Como se sabe, la generación literaria llamada del 45, que Ángel Rama prefirió designar como generación crítica, es la coronación de un largo proceso histórico y cultural. La del 900 reunía aún a representantes de los dos grandes bandos en la apasionada controversia entre racionalismo y liberalismo, que el doctor Arturo Ardao reseña con lujo de detalle en uno de sus famosos libros. Convergen en ella mentes como la de Rodó o Vaz Ferreira junto a la de Zorrilla de San Martín, con actitudes tan diferentes ante el asunto religioso ‒aunque en ningún caso ajeno a sus preocupaciones fundamentales. Eran descendientes directos de dos tendencias de gran arraigo en Uruguay, el positivismo y el espiritualismo, aunque sus pensamientos tuvieron tal autosuficiencia que provocó la total discontinuidad histórica de tales tendencias. En la generación del 45, en cambio, ya casi no hay huellas de religión, de racionalismo deísta y menos de teísmo.
  
Si no hay tendencia religiosa definida en el 45, tampoco hay rastros de racionalismo, ni siquiera agnóstico. Estaba disuelto el impacto filosófico que tuvo lugar entre la intelectualidad uruguaya, en la segunda mitad del siglo XIX. Nos referimos al mismo siglo de Jacinto Vera y de Mariano Soler, en medio del cual, pese a la gravitación de la Iglesia en todos los aspectos de la vida nacional, estalló el pensamiento del chileno Francisco Bilbao, el legendario autor de La América en peligro, deísta y anticatólico. Sus renovadoras ideas trascendieron con pujanza entre la intelectualidad uruguaya, al punto de que, según Ardao, sólo Rodó pudo “marcar el perfil espiritual de toda una época”[i] en el siglo siguiente. Asimismo, nada quedaba ya de liberalismo, en el estricto sentido que este término encerraba hasta entonces, es decir, en su significado contrastante con la religión revelada y el clericalismo. En un nuevo marco de reflexión y espiritualidad, el Uruguay vivió su proceso de secularización, fruición por las ciencias experimentales y acompañó el auge en tributo de las disciplinas antropológicas.
  
La generación critica, pues, no incurre en profesión de fe teológica ni tiene a la Iglesia entre sus centros de interés, aunque muchos de sus integrantes fueran eminentes católicos. La vieja tradición se ha quebrado definitivamente. Por lo que, si nos determinamos a incluir a Beatriz Bayce en tal generación de escritores, pensadores, poetas y artistas, habría que marcar una delimitación inesperada: sus vertientes responden a un manantial que, en lo espiritual y aun metodológico, es bien diferente al de sus congéneres, aunque no en lo ideológico y político. Si se admite este inicial deslinde, cabe enseguida una aclaración, fundamental para entender el perfil original de su obra crítica.
  
El mundo desarrollado se sacude profundamente en la misma época que estamos enfocando, la del 45. En primer lugar, florece un grupo de ciencias concentradas en el problema del hombre, que influye en la filosofía estricta y en la teología. Karl Rahner es un buen ejemplo de este fenómeno en el campo de la religión, un pensador que, bajo el influjo de la antropología, posa sus ojos de teólogo sobre la realidad sensible, sin detrimento de la otra, la trascendental. El existencialismo influye, en este sentido, según la versión heideggeriana, en teólogos como Rudolf Bultmann, quien reclama a sus colegas una puesta al día respecto a las ciencias modernas.
  
La filosofía de la vida, Bergson sobre todo, pero también Louis Lavelle, entran de pleno, según el análisis de Beatriz, en el pensamiento de Teilhard de Chardin, a quien dedica estas palabras: “Partiendo de un profundo conocimiento científico, filosófico y teológico, TCh sin apartarse de los dogmas fundamentales de la Fe, ha renovado la visión del mundo”[ii]. Pero estas filosofías y ciencias humanas no arraigan en el Uruguay en el nivel de socialización que, aunque en ningún caso llega a ser total, debe penetrar ciertas capas de la cultura reinante. Tal falla conspira contra una rápida acogida de la obra de Beatriz.
  
Teilhard expande el evolucionismo darwinista hasta la esfera del espiritualismo, cuando, en su versión original ‒observa su intérprete uruguaya‒, ya ha perdido fuerza filosófica[iii]. La filosofía de Bergson y la fenomenología contribuyen en esta unificación en la cual Beatriz encuentra un secreto de hondo significado: “Quizá ‒escribe‒ el verdadero motivo por el cual [Teilhard] se niega a encasillarse como filósofo sea que, contrariamente a todo pensamiento puramente especulativo, su visión es una realidad vivida, que se aproxima a la vieja praxis cristiana.”[iv] La filosofía de la religión, la antropología filosófica, la paleontología y la teología logran unificarse, describiendo una trayectoria que había anticipado Max Scheler[v]. La aspiración es conmovedora: “se pide hoy para que la filosofía salga de su soledad: que integre tanto la teoría como la práctica, la especulación y la vivencia”[vi], apunta Beatriz. Roma, sin embargo, advierte sobre el peligro que representan las obras del Padre Teilhard.
  
El tránsito de su pensamiento, desde la noción ultramontana de rebaño al de “grupo zoológico humano”, consiste en un cambio que va más allá de la pretensión de actualizar los preceptos cristianos. Parece anhelar la develación de un nuevo misterio, físico a la vez que espiritual, más que impugnar el cuerpo de doctrina. Su concepto de “noosfera”, corolario superior del de “bioesfera”, está orientado a aunar en una sola hermenéutica los universos material y espiritual, encontrando en esto una nueva misión para el evolucionismo científico. Beatriz introduce en nuestro medio esta aspiración. Observa que en Teilhard hay dos pasiones iniciales, “la Fe en Dios y en la Materia”, y que a ellas viene a sumársele “la pasión humana”. Agrega que “La realidad, conjunto de realidades relativas, aprehendidas como vivencia humana, puede conducir a aproximarnos a la Realidad del Ser, a la Divinidad”, e invoca a Louis Lavelle en estas palabras: “La posesión del ser es el fin de toda acción particular”[vii].  
  
La de los años sesenta, empero, ¿era una época propicia para recibir esta clase de filosofía, devota y refractaria? No, evidentemente. Había más que una pérdida de espiritualización, como supo atisbarla Carlos Real de Azúa en Ambiente espiritual del 900 en 1950, y descubrirla en El impulso y su freno en1964. La inteligencia nacional no había sido lo suficientemente potente para diseminar las nuevas filosofías apeladas por Beatriz Bayce, estudiadas y asimiladas y hasta enriquecidas. Se había logrado sembrar en el fondo mismo de la sociedad, más allá de la Universidad, la academia y los círculos intelectuales, el racionalismo primero y el positivismo después, en el siglo anterior. Aunque mediaron altercados y grescas violentas, en medio de la guerra civil, hubo diálogo, acceso a la diversidad filosófica y fecundidad posterior en las ideas y debates. Ahora, en cambio, todo había sido tomado por un materialismo enajenante, mal recogido de la teoría marxiana que, pese a la idoneidad, honestidad y talento de los intermediarios, no alcanzó la profundización necesaria y no llegó a germinar en algo concreto y autóctono. En este mar, en cierta forma desolado, debió gobernar su barca Beatriz Bayce.
  
La inoportunidad del momento se alimentó con otra contracara de la cultura vernácula. Si bien la exégesis literaria de Beatriz es de producción tardía, desde que Mitos y sueños en la narrativa de Onetti aparece en 1987, veintidós años después de Aproximación, lapso en el cual el país tuvo tiempo para salir de la sombra despótica del 73, y de sombras anteriores[viii], de todos modos, todavía no estaba preparado para recepcionar novedades de fuste. No había reestructuración del estado de cosas en lo intelectual: aún faltaba la reforma de la conciencia nacional, desnaturalizada por el empeño unilateral de restañar los daños materiales. Se necesitaba atender lo no material, la superación en el nivel de las conciencias, porque, como había predicho Ortega y Gasset, la masificación social es el mayor peligro.
  
Beatriz conocía las ciencias axiomáticas, las connotaciones filosóficas de la nueva física y de la biotecnología. Le era familiar Ludwig Wittgenstein y la filosofía del lenguaje ‒desestimada hasta en nuestro sistema de formación docente. También la hermenéutica de Gadamer, según la cual el lenguaje es el testigo que vuelve posible la interpretación del mito y la tradición, decodificado en estas áreas por Malinowski y Lévi-Strauss. Supo enriquecer sus reflexiones teológicas con el caudal de ciencias radicalmente renovadas, como la lingüística, la semiótica y la lógica e, igualmente, con la filosofía de las formas simbólicas y con las nuevas relaciones entre el mito y la religión descubiertas por la antropología. En esto último Beatriz fue, quizá, quien ahondó más en nuestro medio, con una idoneidad de carácter internacional. En las ciencias formales, compartió su solvencia con otras dos mujeres excepcionales: Lisa Block de Behar, que consolida en Uruguay lo que Real de Azúa llama “entrelazamientos entre lingüística y crítica literaria”; y Elda Lago, gramática uruguaya, autora de un novedoso estudio sobre la preposición, quien fuera compañera de estudios de Elvira Raimondi de Vaz Ferreira.
  
En su análisis literario, Beatriz va directamente al símbolo, como procedió Paul Ricoeur casi coetáneamente, ampliando el aparato crítico merced a una fenomenología que intenta develar la realidad oculta del símbolo. De esta manera, fue sometida a exégesis La vida breve, obra de uno de los mayores narradores uruguayos, en Mito y sueño en la narrativa de Onetti[ix]. El trabajo previo de esta obra, titulado “Huellas míticas en la narrativa vivencial de Onetti”, recibió el primer premio categoría ensayos inéditos, del Ministerio de Educación y Cultura, en 1987. La obra, que fue apreciada por el mismo Onetti, abre un insospechado segundo plano alegórico en el cual pueden vislumbrarse estrategias literarias de significación mítica y hasta filosófica.
  
El motivo rector de este ensayo se apoya en el papel que desempeñan el mito y los textos bíblicos, especialmente el Eclesiastés[x], en la mencionada novela. El sueño es la dimensión que dispara la trama y erige el mundo narrativo. Beatriz recuerda que Freud había relacionado el sueño y el mito. Ese mundo no es sólo el de Santa María, la locación legendaria en la que suelen parar los emblemas del narrador uruguayo, y que podrían agotar las apelaciones de la ficción; “mundo” es el de la vivenciaLa vida breve, afirma Beatriz, es “una creativa y original manera de mostración de un ‘sentirse vivir’ desde las profundas raíces de la angustia existencial.”[xi]
  
Esto alcanza para advertir la naturaleza filosófico-antropológica, aunque también lo sea analítico-literario de esta investigación. La idea basilar se apoya en que el texto reconstruye el ancestro que acecha en lo profundo de la conciencia humana, y que obra como resorte de la ficción, hermana del lenguaje. Convalida, además, la hipótesis de Anaximandro, invocada por Nietzsche, según la cual “del vapor y el humo en que las cosas se disuelven, se formaría otro mundo”. Ocho años más tarde, el filósofo español Eugenio Trías volvió a desafiar al espíritu moderno con su concepto de límite. Tomando la misma senda de Beatriz Bayce, aunque no figura entre sus referencias, se permite romper la barrera de la razón, en busca de una salida ética para la humanidad occidental[xii]. Se encuentra, pues, un hondo contenido en Onetti, y una justificación mítica para su literatura, con el secreto agregado de una aspiración superior del conocimiento, porque, como afirma la sugestiva representante de la generación crítica, “la vida interior no puede expresarse por conceptos”[xiii].
  

NOTAS

[i] Arturo Ardao, Racionalismo y liberalismo en el Uruguay, Montevideo, UDELAR, 1962, p. 249.
[ii] Beatriz Bayce, Aproximación a Teilhard de Chardin, Montevideo, Arca, 1965, p. 17.
[iii] Beatriz Bayce, obra citada, p. 21. Ver Louis Lavelle, Introducción a la Ontología, México, FCU 1953.  
[iv] Beatriz Bayce, obra citada, p. 18.
[v] Beatriz Bayce, obra citada, p. 16.
[vi] Beatriz Bayce, obra citada, p. 32.
[vii] Beatriz Bayce, obra citada, p. 27.
[viii] Léanse las primeras líneas de La generación crítica (1939-1969), de Ángel Rama, Montevideo, Arca, 1972, para confirmar la existencia de estas sombras.
[ix] Beatriz Bayce, Mito y sueño en la narrativa de Onetti, Montevideo, Arca, 1988.
[x] Beatriz Bayce, Mito y sueño…, obra citada, p. 45.
[xi] Beatriz Bayce, Mito y sueño…, obra citada, p. 7.
[xii] Eugenio Trías, Pensar la religión, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015, original de 1996.
[xiii] Beatriz Bayce, Mito y sueño…, obra citada, p. 42.


domingo

“SIN LA OSSODRE NO HABRÍA BALLET NACIONAL” DIEGO NASER


Con 36 años, Naser se convirtió en el nuevo director de la Orquesta Sinfónica del Sodre, tras la salida de Martín García. Para Naser es una coincidencia que tenga la misma edad que el primer director de la orquesta, Lamberto Baldi. Si bien partició en la Ossodre como músico, “me parece paradójico que la primera vez que la dirija va a ser como su director titular”.
¿Cómo ve su nuevo lugar de trabajo?

Se pueden mejorar muchas cosas desde el punto de vista artístico, pero hay algunos temas de fondo que son de la gestión que son importantes de resolver. Y no están lejos de resolverse, mientras uno se pare desde un lado constructivo de buscar soluciones y no poner problemas a cada solución. Soluciones hay. Al Sodre si bien se lo conecta con problemas, por otro lado hay que reconocer que el Sodre nunca tuvo tanta visibilidad.
Es tema de conversación...

Eso es muy interesante, y revela lo importante que es para el país. Muestra un montón de situaciones que son altamente positivas. Estamos en un momento donde podemos lograr cambios históricos para la institución y donde hay también apoyo político para lograrlo. Puede pasar que si a uno le dan la sartén por el mango a veces se marea o se desbalancea, pero el Sodre tiene todo para hacer.
¿La gente se ha olvidado de la Ossodre?

Se ha dejado un poquito en el olvido la participación que ha tenido en el crecimiento de los cuerpos estables, directamente en el ballet.
¿La orquesta es el corazón del Sodre?

Si no existiera la Ossodre no habría ballet porque hay obras que no las podés hacer sin orquesta. No podrías tener conciertos corales, operas, conciertos sinfónicos, nada. Y están la Orquesta Juvenil y el conjunto de música de cámara está a cargo de la Orquesta. Entonces, ubiquémonos en esa situación, la Ossodre fue el primer cuerpo estable por lo que estamos en una situación muy positiva. Tenemos el Ballet que está haciendo una carrera fabulosa, ha tenido un crecimiento exponencial vertiginoso en mucho sentido. Tenemos todo para ganar.
Las instituciones son tan buenas como sus personas.

Va por ahí. Para eso se necesita la colaboración de la gente e informar con datos históricos. Hay que bajar la pelota y hablar de las cosas que importan. Tenemos un Auditorio envidiable, un ballet que viaja por el mundo, una Orquesta Juvenil que toca por el mundo, una orquesta sinfónica que te prepara un ballet, una ópera, un concierto sinfónico en dos semanas, es una hazaña eso. Y entiendo el peso de la responsabilidad.
Va a ser el articulador.

Voy a ser el nexo entre los cuerpos, que es lo que le falta al mundo, comunicación. Ya no puede ser decir: “yo quiero hacer esto o aquello”, sino “qué vamos a hacer”. Porque no se puede entender el ballet independiente de la orquesta ni al revés, todos dependemos de todos. Y la gloria de la institución y del ballet va a impactar en la gloria de la orquesta, es obvio. El ballet no puede bailar sin orquesta, es así. Lo mismo con el coro, necesitamos que funcione y el coro funciona. A nadie le gusta estar en una institución chueca. Como si tuvieras un hospital, cardiología te anda bárbaro, ¿pero si te agarrás una pulmonía y se te mueren todos los pacientes? No. Entonces no seas malo, el Sodre es una institución enorme y por suerte los tiempos institucionales no responden a los personales.
¿Eso no genera lentitud a la hora de tomar decisiones?

Si y no. Hace siete años no hablabas del ballet, y hoy tenés un ballet bailando por todo el mundo. Eso no lo hace solo una persona. Si eso no es dinamismo. Lo mismo con el Auditorio Nacional.
Los tiempos son lentos...

No lo veo así. Si lo vas a comparar con el tiempo personal donde decís, a este lo echaría ya, sí, son lentísimos. Pero por suerte, porque mañana podes ser vos el echado y el Estado te provee de ciertos elementos que te protegen. Que de repente tenés un sindicato que se le va un poco, o mucho, la mano, no lo voy a negar. Pero por lo menos no estamos en el Lejano Oeste: la gente tiene derechos. Prefiero pelearme porque te echaron y no querés irte a pelearme porque te echaron, te dejaron en la calle, no sabés por qué lo hicieron y te trataron como un esclavo. Europa no apunta a ese modelo tampoco. Trabajé muchos años allá y no se apunta a un “te uso te tiro”. Y una orquesta es como un vino, lo añejás, lo educás, lo criás, lo tratás bien y tenés una sonoridad diferente. Una orquesta o un cuerpo de baile es un cuerpo vivo, cambia. ¿Pensás que un artista trabaja igual si se le murió el padre o si viene de un cumpleaños de 15? El cuerpo estable es la sumatoria de todos esos ánimos. Es un grupo humano y sin cintura podés tener crisis que en realidad no son tales. 

(El País / TV Show / 29-10-2017)

ANGELINA JOLIE, INQUEBRANTABLE


por Cara Buckley

Angelina Jolie estaba sentada descalza en el pórtico de su nuevo hogar, explicando por qué quiere salvar al mundo, cuando de pronto el deber la llamó. Su hijo menor, Knox, de 9 años, asomó su pequeña cabeza rubia desde atrás de la puerta de pantalla.

“Shiloh te necesita”, dijo el niño en voz baja, refiriéndose a su hermana, que tiene 11 años.

“¿Shi?”, la llamó Jolie antes de desaparecer con el sonido del roce de su caftán negro. Diez minutos después, estaba de regreso. El amado dragón barbado de Shiloh, Vlad, se había enfermado y ahora, para la angustia de Shiloh, estaba convaleciente en la veterinaria. “Ese será el resto de mi día”, dijo Jolie, mientras se acomodaba en una silla de jardín acolchada, “escuchar todo acerca de los problemas de salud del dragón barbado”.

Jolie prosiguió con lamentaciones sobre la falta de equilibrio de un mundo en el que las mascotas californianas viven cómodamente mientras millones de personas alrededor del mundo no tienen la atención médica adecuada. Nadie mencionó que lo decía en la comodidad de su propiedad de 25 millones de dólares, ubicada en un terreno de una hectárea en la cima de una colina, en una sección residencial del vecindario de Los Feliz, un hogar que compró para ella y sus seis hijos en la primavera, después de su separación de Brad Pitt.

Quizá más que cualquier otra celebridad, Jolie, de 42 años, se ha mantenido plantada con firmeza en dos mundos inmensamente distintos. Es tanto la glamurosa actriz que los encabezados siguen a cada paso que da (“Angie y los niños se fueron de Target porque no había hot dogs”, decía una noticia reciente), como la bienhechora humanitaria que ha viajado más de sesenta veces al campo como parte de su trabajo para las Naciones Unidas. Las aparentes contradicciones explican su esquivo encanto. Jolie constantemente ha sido difícil de clasificar, pues es una mujer que no puede acomodarse en una sola categoría, porque ocupa muchas a la vez.

Es una mujer bella y glamurosa, inigualable, así como una defensora de la salud de la mujer que le contó al mundo acerca de su doble mastectomía preventiva. Tiene un perfil público meticulosamente manejado, pero profesa que no le importa lo que piensen los demás. Sigue siendo la máxima expresión de la cruel pirámide de las celebridades, aunque sus películas recientes solo generaron dinero cuando estuvo camuflada (MaléficaKung Fu Panda). Es objeto de obsesión —aunque en Estados Unidos, por lo menos, no es precisamente adorada— y la han fijado en el firmamento cultural como una seductora, a pesar de que tiene seis hijos.

Y aunque el apetito público dé detalles lascivos en torno a su vida privada ha eclipsado el interés en los filmes que ha dirigido, Jolie, de manera tenaz, lleva a la pantalla historias difíciles y desconocidas. Tres de las cuatro películas que ha hecho están ambientadas en tiempos de guerra, incluida la más reciente, First They Killed My Father, basada en la historia real de Loung Ung, quien de joven sobrevivió al genocidio camboyano y ahora es una de las amigas más cercanas de Jolie.

Aunque las primeras películas de Jolie obtuvieron reseñas poco entusiastas, varios críticos han consagrado First They Killed My Father como su mejor filme hasta ahora. Se cuenta por completo desde el punto de vista de la niña, en Jemer, y recibió una ovación de pie en el Festival de Cine de Telluride, donde se estrenó. Netflix comenzó a transmitirla el 15 de septiembre, cuando también se estrenará en algunas salas de cine.

Jolie dijo que no habría podido hacer la película de no haber dirigido primero In the Land of Blood and Honey (2011) acerca de la guerra de Bosnia, y Unbroken (2014), basada en la historia real de un soldado estadounidense que se vuelve prisionero en la Segunda Guerra Mundial. (Además, ella y Pitt protagonizaron un filme en el que interpretaron a una pareja enfrascada en otro tipo de conflicto en el drama By the Sea (2015), que también dirigió).

“No planeé de manera consciente hacer películas de guerra, sino que simplemente fue lo que me atrajo”, explicó.

Jolie tiene una conexión indeleble con Camboya porque cambió por completo su vida. Antes de visitar el país por primera vez en el 2000 para filmar Lara Croft: Tomb Raider, había sido una rebelde de Hollywood.

La gracia y humildad que vio en los camboyanos, junto con los efectos duraderos del genocidio, hizo que viera la vida hollywoodense bajo una horrible luz.

“Una vez que observas de primera mano lo que de verdad está pasando en el mundo y las realidades de otras personas, simplemente no puedes ignorarlo y no puedes despertar y fingir que no está pasando; toda tu vida cambia”, dijo.

Adoptó a Maddox, ahora de 16 años, de un orfanato, se divorció del también actor Billy Bob Thornton y se dedicó al trabajo humanitario y ambiental, además de encontrar inspiración continua en los sobrevivientes de la guerra y los trabajadores humanitarios.

Jolie es una presencia contenida y serena, pero también ligera, y de vez en cuando deja salir una melodiosa risa. Es tan visualmente deslumbrante como en la pantalla grande; las líneas esculpidas de su rostro junto con la suavidad de sus ojos y sus labios la convierten en una belleza de otro mundo. Aunque es esbelta como una sílfide, dice que no hace más ejercicio que meterse a la piscina con sus hijos, aunque tiene la vaga intención de subirse algún día a la caminadora.

Sobre los niños, le pregunté si a veces no se sentía como la entrenadora de un pequeño equipo, y ella respondió que más bien se sentía parte de una fraternidad.

“De verdad me ayudan mucho. Realmente somos un equipo”, comentó. “Son los mejores amigos que he tenido. Nadie en mi vida me ha apoyado tanto”.

Esa última oración quedó flotando en el aire, quizá una sutil alusión o una acusación contra Pitt, quien adoptó a Maddox, Pax y Zahara y es el padre biológico de Shiloh, Knox y Vivienne. La disolución de su relación romántica de doce años ocurrió en septiembre pasado, después de un incidente a bordo de un jet privado —en el que supuestamente estuvieron involucrados Pitt y Maddox— que provocó que ella pidiera el divorcio.

Poco después, Jolie y los niños se mudaron de la propiedad de Pitt y vivieron en una casa rentada durante nueve meses mientras ella se enfrentaba a la decisión de comprar o no una nueva casa.

“Me tomó algunos meses darme cuenta de que de verdad tendría que hacerlo. Que debía haber otra base a pesar de todo”, dijo, en voz baja y suave, la misma voz que adoptó cada vez que surgió el tema de la separación. “Que tendría que haber un hogar. Otro hogar”.

La nueva casa, una mansión de estilo beaux arts que alguna vez fue la residencia del legendario cineasta Cecil B. DeMille, es una belleza con una biblioteca, extensos pastos, fuentes con cascadas que dan a la piscina y la posibilidad de ver desde ahí el Observatorio Griffith. Jolie mandó construir una compleja casa de árbol —“Es más como una casa del árbol para practicar parkour”, dijo— y los niños ayudaron a decorar y elegir muebles para toda la casa. Tienen un trato, dijo Jolie, de que aunque pueden no estar todos de acuerdo con todo, deben intentar que les guste lo que no odien. Pero si odian algo, pueden rechazarlo.

“Tiene muchas facetas”, dijo Jolie acerca de la casa. “Es feliz. Feliz y ligera, y necesitábamos eso”.

Le pregunté cómo iba todo ahora.

“Nada es fácil. Es muy muy difícil, una situación muy dolorosa, y solo quiero que mi familia esté sana”, dijo en voz baja.

¿Lo están? “Están mejorando”, dijo, y su voz casi se volvió inaudible.

Reveló que First They Killed My Father pudo haber influido en su decisión de dejar a Pitt. La película se centra en los familiares de Ung, algunos de los cuales sobrevivieron, y Jolie dijo que pensó mucho en lo que significa una familia durante la producción y cómo deben ayudarse y cuidarse (el filme es una adaptación del libro de Ung, publicado en el año 2000, con el mismo título).

“Loung vivió tantas cosas horribles en su vida, pero también tuvo mucho amor y por eso hoy está bien”, dijo Jolie. “Eso es algo que debo recordar”.

Determinada a hacer que la película fuera tan camboyana como fuera posible, Jolie se unió al director camboyano Rithy Panh, quien recibió una nominación al Oscar por su documental de 2014 The Missing Picture, y enlistó a miles de camboyanos como extras. Jolie dijo que Maddox fue su mano derecha, pues trabajó en el guion, tomó notas en las reuniones y bromeó con Panh en francés. Algunas de las escenas fueron filmadas en sitios de la masacre, así que el equipo se organizó para traer monjes que oraran y colocaran incienso y ofrendas de antemano.

“Es adorada en aquel país”, dijo Panh, quien fungió como productor de la película. Agregó que le sorprendió la humildad de Jolie y cómo se comunicaba intuitivamente con los niños en el set, a pesar de que no entiende por completo el camboyano. (Jolie dijo que aquella insinuación en Vanity Fair de que los niños fueron engañados cruelmente durante el proceso de audiciones es “algo totalmente falso”).

Ung dijo que Jolie, quien tiene ciudadanía camboyana, comparte la sensibilidad de sus compatriotas. “En Camboya no alzamos la voz, hablamos con amabilidad unos con otros, saludamos con las manos juntas y con una reverencia”, dijo Ung. “A ella todo eso se le da naturalmente”.

Mientras terminábamos nuestra entrevista, Jolie bromeó acerca de que su próximo trabajo sería una comedia. “Seré graciosa en algún momento”, dijo, y añadió que estaba trabajando en Maléfica 2, una secuela del cuento de hadas fracturado de Disney. “Eso fue un poco gracioso”, dijo, con sarcasmo.

Jolie también parece estar consciente de cómo podría concebirla el público; una reina de hielo en contraste con Pitt, el chico afable de Misuri con los pies en la tierra (su reveladora entrevista en la edición de verano de GQ Style ayudó a pulir su imagen como el que, de los dos, resulta más próximo a la gente). Pero Jolie dijo que ella creció siendo una adolescente punk en la escuela y estaba acostumbrada a no encajar y a ser alguien de quien la gente opina.

“Jamás he pretendido agradar a todos ni que todos me entiendan”, dijo Jolie, mientras me acompañaba a la salida, “y eso está bien, porque sé quién soy y los niños también lo saben”.

Rápidamente, me dio un abrazo de despedida, y yo salí al sol y al calor, mientras el pesado portón de seguridad se cerraba lentamente tras de mí.

(The New York Times / 5-10-2017)

LA REVOLUCIÓN RUSA Y LAS MUJERES: UNA REVOLUCIÓN DENTRO DE OTRA



 "Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero"

Alejandra Pizarnik


La historia de las mujeres que protagonizaron la Revolución Rusa así como la historia de la mayoría de las mujeres, es parte de conjunto de muertes simbólicas que la historiografía- y la ciencia en general- ha hecho persistir en su solapado recorte, tras el “buen sentido de la humanidad” una razón androcéntrica: el “logos patriarcal” [1]. La invisibilización de las mujeres, su historia y sus luchas, es producto de su condición histórica y social subordinada y expresa a su vez el discurso patriarcal operando también desde la producción de conocimiento.

Si pensamos en la ciencia y los modos en que el patriarcado atraviesa las construcciones historiográficas, filosóficas y de las ciencias en general, debemos dar cuenta de que las mujeres han hecho historia, pero los vínculos entre las mujeres y la Historia responden más a la ausencia de una indagación “sexuada” de los procesos históricos hasta finales del S.XX [2], que a una realidad constatable de nuestro protagonismo en diversas luchas. Muy tarde aparecemos las mujeres como grupo social y hemos sido precisamente mujeres quienes tomamos en nuestras manos la reconstrucción de nuestra propia la historia y protagonismo, memorias y saberes [3].

Sabemos poco de las mujeres soviéticas, las conocemos tardíamente en tanto esposas y/o amantes de consagrados líderes políticos, pero sobre todo sabemos que sin proclamarse feministas (la categoría feminismo a principios de siglo aludía al feminismo sufragista de carácter burgués [4]) sentaban las bases teóricas del feminismo de clase, y sus conquistas fueron tomadas posteriormente como reivindicaciones del movimiento feminista mundial del cual las mujeres rusas también habían sido pioneras, proclamando la liberación de la clase y la de sí mismas en tanto oprimidas. Por ello queremos en este artículo dar cuenta de los aportes de las mujeres socialistas y de los avances históricos de la Revolución Rusa en relación con lucha de las mujeres, pese a su posterior retroceso con el régimen estalinista y la restauración capitalista plena en 1991, luego de la caída del Muro de Berlín.

"¡Queremos pan! ¡Abajo el zar!"

Este era el grito de las obreras textiles de Petrogrado, que un 8 de marzo [5] iniciaban la huelga que daría lugar a la primer revuelta en febrero, encontrando la victoria en octubre de 1917 en lo que se dio a llamar Octubre Rojo, consagrado por la toma del poder de los soviets. Estallaba así una huelga de masas que devino progresivamente en el Soviet de Petrogrado, restando solo que el ejército se aliara a la revolución para que la caída del zar fuese un hecho.

En aquella Rusia zarista y en medio de la guerra imperialista, las mujeres -parte más explotada de la clase trabajadora- salieron a las calles a protestar por las escasez de alimentos y los dos millones de muertos que la Primera Guerra Mundial dejaba tras su doliente paso. Fueron ellas quienes, desacatando la orden del comité de distrito del partido que establecía celebrar el Día Internacional de la Mujer con discursos y actos, comenzaron la huelga que desataría el proceso revolucionario coronado con la toma del poder en octubre de 1917.

Desde comienzos de siglo, las mujeres socialistas rusas intentarían promover la organización sindical y política de las obreras. Alexandra Kollontai fue una de las principales figuras dedicada a la organización de las  mujeres  trabajadoras para la creación de organizaciones sindicales y políticas de mujeres. Entre sus escritos más destacados se encuentran Los fundamentos sociales de la cuestión femenina (1907), Las relaciones sexuales y la lucha de clases (1911), y El comunismo y la familia (1918).

Lo que actualmente conocemos como feminismo socialista, tenía en sus postulados abolir la división sexual del trabajo mediante la integración plena de las mujeres a la producción social, la socialización del trabajo doméstico, la propagación del amor libre tras nuevas relaciones sociales y la destrucción de la familia. Escribía Kollontai sobre el amor y las nuevas relaciones sociales: “Pretendemos conquistar la totalidad del alma del ser amado, pero, en cambio, somos incapaces de respetar la fórmula de amor más sencilla: acercarnos al alma de otro dispuestos a guardarle todo género de consideraciones. Esta sencilla fórmula nos será únicamente inculcada por las nuevas relaciones entre los sexos, relaciones que ya han comenzado a manifestarse y que están basadas en dos principios nuevos también: libertad absoluta, por un lado, e igualdad y verdadera solidaridad como entre compañeros, por otro” [6]. Para Kollontai, el amor cumplía un rol fundamental en la opresión de la mujer, por ello politiza la dominación masculina que se manifiesta a través de la ideología del amor sin perder de vista la explotación de las mujeres en tanto clase trabajadora, producto de la enajenación de su propio trabajo. Para Kollontai, de nuevas relaciones sociales devenidas de una estructura económica socializante, resultaban modos superiores de la conciencia en un planteo verdaderamente revolucionario para su época donde la familia y el matrimonio no tendrían lugar alguno, y la sexualidad a través de las uniones libres caracterizarían la nueva moral proletaria, alejadas de todo dominio o propiedad sobre la mujer que la supremacía masculina establecía.

Fueron miles de mujeres quienes participaron anónimamente en la lucha armada o desempeñaron tareas logísticas, productivas y educativas durante la revolución. Yelena Dmitriyevna Stessova, Klavdia Nikolayeva, Inessa Armand, Konkordia Samoilova son algunos nombres de estas mujeres que aún teniendo una participación protagónica, hoy desconocemos.

Inessa Armand o Helène Blonina (pseudónimo con el que firmaba habitualmente) escribió La obrera en la Rusia soviética (1920), sobre la mujer y su importancia dentro del nuevo sistema político que se habría paso. Nadezhda Krupskaya, más conocida como la esposa de Lenin que por su lucha incansable por la emancipación de la mujer y el socialismo, protagonizó la creación del sistema educativo soviético y un sistema de bibliotecas populares, conformando el Comité Central el Partido desde 1927 a 1939.

Rabotnitsa (La obrera) era el nombre del periódico bolchevique donde escribían muchas de estas mujeres que para financiar el primer número se emplearon como costureras. Nadezhda Krupskaya hacía un llamado a la unión de las obreras y obreros para derribar a la burguesía y así proteger los intereses de las y los trabajadores en el primer número de Rabotnitsa. La situación de las mujeres en las fábricas y talleres constituía la primera explotación que se extendía al terreno del hogar y la familia: vender la fuerza de trabajo al capital en fábricas y talleres, regalar su fuerza de trabajo en el hogar, esclavizadas por la familia y la opresión social. La situación de las trabajadoras soviéticas parece no encontrar mayores diferencias con las trabajadoras el día de hoy, a más de un siglo de distancia. Versaba un panfleto bolchevique distribuido a las mujeres trabajadoras en Kiev: “el camino de la lucha obrera organizada contra el capital, el camino de la lucha contra toda opresión, maldad y violencia. Compañeras, no tenemos otro camino. Los intereses de los trabajadores y las trabajadoras son iguales y son los mismos” [7].

Emancipación de la mujer y revolución

La Revolución Rusa trajo consigo uno de los más firmes intentos para la emancipación de la mujer y una vasta legislación sobre la familia, el matrimonio, los derechos sexuales y reproductivos tan avanzada y progresiva como no se ha visto en épocas recientes en países capitalistas, o donde se tardó décadas para concederlos, producto de la presión de las luchas de la clase trabajadora y los movimientos feministas.

Luego del triunfo de la revolución, múltiples leyes fueron aprobadas para que las mujeres alcanzaran los mismos derechos que los hombres. Las mujeres obtenían así igual salario que los hombres por desempeñar el mismo trabajo y podían elegir libremente su profesión. La educación fue mixta y se prohibieron los despidos a mujeres embarazadas así como el trabajo nocturno de las mismas, el matrimonio civil era legal al igual que el divorcio, y una seguridad social sin retenciones salariales constituyó una conquista de derechos colectivos imposible de desconocer.

Escribía Lenin respecto a las limitaciones de la igualdad formal entre hombres y mujeres y sobre la necesidad de un cambio profundo en la cultura como antesala de la igualdad total: “Allí donde hay propietarios terratenientes, capitalistas y comerciantes, no puede haber igualdad entre el hombre y la mujer, ni aún ante la ley. Allí donde no hay propietarios terratenientes ni capitalistas ni comerciantes, allí, el poder de los soviets construye una nueva vida sin esos explotadores, allí hay igualdad del hombre y la mujer ante la ley. Pero esto todavía no es suficiente. La igualdad ante la ley todavía no es la igualdad frente a la vida. Nosotros esperamos que la obrera conquiste, no sólo la igualdad ante la ley, sino frente a la vida, frente al obrero”[8].

En 1917 Alexandra Kollontai asume el cargo de Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública e impulsa varias de estas reformas que modifican la legislación de la mujer y la familia. En 1918 se creaba un ministerio de protección de la maternidad y la infancia, introduciendo medidas para la socialización del trabajo doméstico y los cuidados, creando guarderías, lavanderías y comedores comunales así como viviendas colectivas. En 1920 se decreta el derecho al aborto libre y gratuito para todas las mujeres y se despenaliza la homosexualidad. Se anuncia la idea de desintegración de la familia y las uniones libres en el marco de las nuevas relaciones sociales del comunismo, pues la revolución no buscaba simplemente la igualdad formal entre hombres y mujeres, sino que la creación de las condiciones materiales, culturales y políticas de la nueva sociedad con nuevas relaciones sociales. El ascenso de Stalin acabaría con las conquistas que la revolución trajo para las mujeres, prohibiendo el aborto, criminalizando la prostitución y la homosexualidad. La nueva propaganda estatal colocaría nuevamente a la mujer en la esfera del hogar y la familia, estableciendo el matrimonio civil como única unión legal. Posteriormente sería suprimida la sección de mujeres dentro del PCUS y el conjunto de órganos de poder.

Feminismo y socialismo en el horizonte de nuestras luchas [9]. Reflexiones finales

Algunos debates siguen presentes en la actualidad en torno al vínculo -no siempre armonioso- entre socialismo y feminismo, “matrimonio mal avenido” al que Hartmann[10] aludía en los 80. El dilema entre clase y género y los esfuerzos teóricos por su unificación realizados por las feministas radicales merecen un análisis propio, el punto de inflexión política que buscaron desentrañar tiene que ver con la opresión de la mujer en el seno de la propia clase (llegando incluso a considerar a la mujer como una clase social), y ha planteado serias dificultades al momento de pensar estratégicamente el feminismo y su articulación con la lucha de clases, sobre todo cuando la opresión patriarcal sucede al interior de las organizaciones de izquierda.

Es así que la especificidad de la lucha feminista se ha vuelto un repliegue casi necesario desde el cual instrumentar la acción política y existir, posibilitando a su vez que los reclamos específicos de las mujeres no queden subordinados al purismo de clase y sus escenarios tradicionales de lucha. La parte y el todo, la fragmentación y la totalidad han sido binomios simplificadores que nos dejan atrapados en el laberinto poco fértil de las disquisiciones teóricas que se resisten al devenir de las luchas actuales, donde el movimiento feminista tiene un potencial y un protagonismo indiscutible a la hora de impugnar el sistema en su totalidad. La lucha feminista no fragmenta la clase, sino que se organiza en torno a la fragmentación que el propio capitalismo le imprime, para denunciar así todas las opresiones que de éste sistema se derivan, para destruirlas junto al propio sistema capitalista. Esta parcialidad no está exenta de problemas, sobre todo respecto a la articulación de las luchas con la estrategia general, y es por ello un aspecto que las feministas debemos seguir problematizando.

Por otro lado, la experiencia histórica nos muestra que modificando las bases materiales no se modifican mecánicamente las estructuras de dominación, sino que es la acción consciente de las y los oprimidos del mundo (las propias reivindicaciones de las mujeres rusas ya daban cuenta de ello) que deberá llevar a cabo esta lucha, para que sea definitivamente la lucha de toda una clase, pues capitalismo y patriarcado deben caer juntos.

La experiencia de la URSS y la lucha de las mujeres rusas por su emancipación nos plantea entonces algunas reflexiones. El Muro se derrumbó y tras él, la existencia de proyectos históricos alternativos. Se detuvo también nuestra imaginación política y quedamos inmersos en los grandes debates de esta caída. Creemos que el fracaso de la URSS como experiencia histórica y el ensayo del socialismo no invalida el fundamento del propio proceso revolucionario que le dio origen, pues las razones para transformar nuestra sociedad son quizás más abrumadoras que hace 100 años. Dice Badiou que “el comunismo es una idea demasiado grande como para dejarla en manos de un Estado”[11], con lo cual la experiencia soviética así como todas las revoluciones truncas siguen evocando a pesar de sí, como grandes “monumentos”, la necesidad histórica de superación del capitalismo y la revolución como camino o trayecto político al que debemos entregarnos para que sea una posibilidad.

Las particularidades de este proceso deben necesariamente contemplar aquellos aspectos que preceden el capitalismo y que a su vez lo constituyen: el patriarcado, el racismo. En Rojava, región de Kurdistán occidental, las mujeres kurdas están llevando adelante su propia revolución, pues las particularidades históricas de su opresión frente al Estado Islámico requieren una especificidad política y hasta militar hecha a su manera[12], allí donde los niveles de violencia contra las mujeres son extremos, allí donde aún en espacios mixtos de construcción colectiva y militante es difícil garantizar la propia vida, la lucha feminista y de liberación de todo un pueblo adquiere formas novedosas, y la organización exclusiva de mujeres funciona paralelamente a la organización mixta casi como una garantía política.

La derrota material, social y política que significó la URSS, pero sobre todo la derrota simbólica de toda posibilidad de cambio nos deja en el lugar del desconcierto y nos obliga a desplegar el ingenio político para poder recrear el mañana. ¿Y cómo es recrear el mañana desde el feminismo? Es empezar por el hoy. El feminismo nos insta primeramente a politizar los vínculos existentes entre hombres y mujeres en tanto relaciones de poder, inmersas y articuladas a su vez en otro marco de relaciones sociales: las relaciones de explotación o de clase. El feminismo nos interpela, nos obliga a diseñar estrategias políticas que puedan dar cuenta no sólo de la opresión devenida de la contradicción capital-trabajo, sino de todas las opresiones constitutivas de la propia clase, impresas en la misma por obra y gracia del capitalismo y su particular imbricación con el patriarcado.

Nos interpela en tanto nos pensamos como sujetos políticos en nuestras múltiples determinaciones donde la clase es una, muy importante puesto que universaliza la lucha de todos los explotados y oprimidos del mundo, pero si no logramos comprender la heterogeneidad de la clase trabajadora y las múltiples opresiones que coexisten en su interior derivadas del género, la raza, la identidad sexual y que se articulan en lo que se denomina interseccionalidad de las opresiones, será difícil diseñar una estrategia conjunta de cambio social que no deje a nadie afuera.

Por esta razón la lucha contra el patriarcado debe ser eje de acción política, articulada en torno a nuevos escenarios sociales y dentro de una estrategia general de clase que haga posible que socialismo y feminismo no sea simplemente una consigna, sino una posibilidad en el horizonte de la lucha popular.

Somos herederas del socialismo revolucionario y con él, también del feminismo popular. Vemos emerger al movimiento feminista, distanciado del lenguaje tradicional en que el socialismo se ha expresado, desde una performatividad novedosa y cuestionadora de los modos y lenguajes patriarcales de hacer política, pues el feminismo es también (y fundamentalmente), la impugnación de todos los aspectos de una significación binaria que a lo largo de la historia nos ha colocado en posiciones subordinadas, constitutivas del mega relato patriarcal dentro del cual todas las formas de violencia contra las mujeres se encuentran banalizadas, naturalizados por la fuerza de la costumbre y la tradición, sin vínculo aparente. El feminismo denuncia estos vínculos perversos que no son otra cosa que manifestaciones de la imbricación entre capitalismo y patriarcado, y nos obliga a prefigurar nuevos modos de relacionarnos ensayando todo aquello que creemos esperable de la sociedad del futuro.

Pensamos entonces en nuevas categorías que nos permitan pensar el presente y proyectarnos políticamente como sujetos de la historia, y en este trabajo es necesario comprender que nuestro vínculo con el capital es aquello que nos unifica, y es a su vez aquello que nos otorga lugares diferenciados en la estructura social. Escribiría Celia Amorós “como ya señaló Rosa Luxemburgo, el capitalismo es un sistema de discriminación en la explotación –al mismo tiempo que de explotación sistemática de toda forma de discriminación”[13]. Esto proyecta un horizonte estratégico de superación del capitalismo que debe incluir en su proyecto político la labor consciente para terminar con todas las opresiones, porque en el seno de la propia clase, en los márgenes de la contradicción capital/trabajo emergen las opresiones más diversas, también estructurales y estructurantes como la raza y el género.

Clase social y género son categorías que poseen diferentes niveles explicativos, y enfrentarlas no hace más que posicionar unas luchas sobre otras, aún cuando no den cuenta de los mismos aspectos de nuestra realidad. ¿Por qué entonces los aspectos étnicos, raciales, de género o identidad sexual no son considerados políticos si a partir de ellos se erigen relaciones de poder, opresión y dominación? ¿Qué hacer con la estrategia entonces? Nosotras decimos que la estrategia de toda una clase así como su proyecto político debe contener necesariamente la lucha antipatriarcal así como la lucha contra toda opresión.

La revolución y el socialismo serán feministas o no serán.


Notas

1- Amorós, Celia. Hacia una crítica de la razón patriarcal

2- Joan Scott plantea el género como categoría analítica de la Historia: Scott, Joan. El género como una categoría útil del análisis de la historia.

3- La Historia de las Mujeres como expresión del feminismo a nivel académico fue un aporte muy importante al rol de las mujeres en la historia, dando lugar a una episteme feminista sin precedentes.

4- "Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo" Alexandra Kollontai (Los fundamentos sociales de la cuestión femenina)

5- 22 de febrero en el calendario juliano. Desde 1910 el 8 de marzo había sido declarado el Día de la Mujer.

6- Kollontai, A. Las relaciones sexuales y la lucha de clases (1911)

7- En D´atri, Andrea, Las mujeres y el socialismo.

8- Lenin, Discurso de 1920, en D´atri, Andrea, Las mujeres y el socialismo.

9- Socialismo y feminismo en el horizonte estratégico de las luchas populares es un texto de Claudia Korol.

10- Heidi I. Hartmann, Un Matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo

11- Alain Badiou y Marcel Gauchet. ¿Qué hacer?

12- Frente militar compuesto exclusivamente por mujeres en Kobane, región liberada

13- Amorós, Celia. Hacia una crítica de la razón patriarcal.

(Espacio de Mujeres del Movimiento Liberación / 23-10-2017) 
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