domingo

JULIO CÉSAR CASTRO (JUCECA) - LA VUELTA DE DON VERÍDICO



PUERTA MAÑERA

Hombre que supo tener problema con las puertas, aura que dice, Olivino Pomposo.

Él siempre solía decir:

-Pa mí, los ranchos tenderían que ser sin puerta, porque puerta siempre es pa lío.

-Si no tiene puerta le dentra frío.

-¿Por dónde le dentra frío?

-Por la puerta.

-¡Entonces pa qué la quiere!

Pa peor, tenía una puerta muy mañera. Si pa dentrar al rancho la empujaba, ella se ponía de que era de abrir pa fuera. Si la empujaba pa salir, clavau que ella abría pa dentro. Había días que Olivino Pomposo no sabía si estaba dentrando, o saliendo del rancho.

Una noche que llegó de un baile, medio entonau en vino, muerto e sueño, fue a dentrar y la puerta se le había trancau por dentro. Olivino armó un cigarro, se le quedó mirando un rato, serio, hasta que en una agarró y le dijo de todo. Ella como si nada. Dio la güelta y dentro por una ventana, prendió el farol, y por no tener cuestiones con mesejante cansancio, se acostó sin decir palabra.

Al otro día, tempranito, fue a salir, y va y se encuentra con que la puerta se había trancau por fuera. Le encajó bruta patada. Salió por la ventana, fue al galponcito, agarró un hacha y le hizo volar toditas las trancas.

La puerta quedó como loca, abriendo y cerrando pa cualquier lau no se sabe si de contenta o desorientada nomás.

Olivino Pomposo se fue pal boliche El Resorte. Taban la Duvija, el tape Olmedo, el pardo Santiago y Nomediga Recuerdo, tomando unos vinitos pa despuntar el vicio. Olivino Pomposo contó lo de la puerta, que taba muy atacada y que ya no era vida, y que cuando uno no se lleva con las cosas más mejor es separarse. Fue Nomediga Recuerdo el que opinó:

-Esa puerta ha sido hecha con madera cortada en viernes y por la mañana.

Olivino se quedó pensando un momento y dijo:

-Viernes, sí señor, por la mañana se cortó, es verdá.

-Capaz que de árbol con hongo en el suelo, clavel del aire en la rama y araña abajo e la cáscara.

-Tenía, sí señor, dijo Olivino al momento.

-Taba clavau.

La Duvija dijo de dir a verla y allá fueron todos a curiosiar. La hallaron tendida abajo del ombú, tomando el fresco. Olivino hizo como que no la había visto, agarró el hacha y se fue pal monte a cortar madera pa hacerse una puerta nueva. Le quedó de lo más bonita.

Salió unos días con una tropa, Olivino Pomposo, y cuando diba viniendo, dende lejos, vio que el rancho no estaba. Salió matando caballo pal lau del boliche El resorte. Taban la Duvija, el tape Olmedo, Nomediga Recuerdo, el pardo Santiago y dos más. Cuando Olivino contó que le habían robau el rancho, Nomediga Recuerdo opinó:

-Capaz que ha hecho puerta nueva con madera media verdota.

-Muy seca no estaba, no señor.

-En fija que tiene piso e tierra y la dejó tocando.

-De tierra, sí señor. Y baja quedó, es verdá.

Fueron todos a ver. En lugar de la puerta había bruto árbol, y allá arriba el rancho.


Acostada contra el ombú estaba la puerta vieja. Al lado tenía una regadera.

RICARDO DARÍN “EL CONFORT NO ES MUY CREATIVO, HAY QUE SALIR DE ÉL”


por Alicia García de Francisco

Con todo demostrado en su carrera de actor, Ricardo Darín defiende que siempre hay que estar activo, en movimiento, y, sobre todo, romper con lo establecido. "Hay que cachetearse un poco, hay que darse un par de hostias para salir de la situación de confort, no es muy creativo el confort".

Eso es lo que busca en sus nuevos proyectos, retarse a sí mismo y encontrar nuevos desafíos, como su papel en "Nieve negra", un monstruo que él considera el héroe de la historia, un hombre hosco, aislado y a ratos inhumano frente a la sensibilidad que muestra su hermano en la ficción, interpretado por Leonardo Sbaraglia.

"Los malos me encantan, los villanos me encantan", afirma entusiasmado Darín, para quien su trabajo es "permitirse el atrevimiento de fantasear con vivir otras vidas".

"Me gusta vivir las vidas de tipos que para mí son inimaginables, yo soy demasiado bueno, entonces necesito hacer de malo", agrega antes de reconocer que hay que cambiar: "Llega un momento en que uno, de la misma forma en que el público se cansa de que uno haga personajes similares, también se cansa, hay que buscar un poco de diversificación para encontrarle el caldo".

Bromas continuas y risas jalonan una entrevista que se desarrolla en la sede madrileña de Casa América, durante uno de los múltiples viajes a Madrid del actor argentino, en este caso para ir preparando su regreso en septiembre a los escenarios teatrales españoles con "Escenas de una vida conyugal", junto a Érica Rivas, obra que ya representaron con gran éxito en 2015.

Durante sus cinco décadas de carrera -debutó en el teatro con solo 10 años y acaba de cumplir 60- Darín ha alternado sin descanso el cine con la televisión y las tablas y escoge sin dudar el teatro como el medio ideal de expresión para un actor.

"Es incomparable lo que ocurre entre dos colegas sobre un escenario lidiando con un acontecimiento fuera de pronóstico", explica el protagonista de "Nueve reinas", "El secreto de sus ojos" o "Truman".

Considera que "el cine no es de los actores, es del director, del editor y de tantísimos aspectos altamente creativos y técnicos", mientras que en el teatro "cuando se abre el telón ni el director figura".

"Estás solo, no te salva ni tu madre, eso es lo que tiene de vertiginoso y de peligroso, de adrenalínico, no se parece a nada, la devolución es inmediata, no hay comparación", afirma con pasión.

No es menor la que siente por el cine. "Las historias cinematográficas te permiten viajar lejos, en el amplio sentido del término, no solo para darnos a conocer y dar a conocer la historia, sino que después puedes ir a esos lugares a hacer teatro", explica entre carcajadas.

Aunque al final lo que le importa es la historia.

"Lo que verdaderamente me puede tener dentro o no de un proyecto es la historia, si la historia me va, puedo considerar todo lo demás, pero primero es la historia, el cuento, de qué se trata, qué me quieren contar", señala.

También ayuda el poder "visualizar un personaje con entusiasmo", algo que no le falta al actor, que saca punta a todo y principalmente a sí mismo.

"No sé cómo la gente no me va abofeteando por la calle de aburrimiento", dice Darín y gesticula de forma exagerada: "¡Otra vez tú, ta ta!", exclama simulando bofetadas.

También asegura que está cansado de tener las historias enteras sobre sus espaldas. "No se puede estar tanto tiempo en pantalla, es desgastante".

Esa fue una de las razones por las que eligió interpretar el personaje secundario, el de Salvador, y no a Marcos, que acabó en manos de Sbaraglia y que era el papel que le había ofrecido en un primer momento Martín Hodara, director de "Nieve Negra", una película que llega a los cines españoles el miércoles.

Le encantó la complejidad de Salvador y lo justificó ante Hodara diciendo que era demasiado mayor para interpretar a Marcos, un hombre de poco más de 40 años, con una mujer joven (la española Laia Costa) con la que espera su primer hijo.

Los dos hermanos se reencuentran tras muchos años sin verse, en medio de un silencio impuesto por un secreto familiar y por el desolado y bello paisaje nevado que les rodea.

Un escenario rodado en los Pirineos con anécdota incluida: las medias calefactadas que Darín llevaba para soportar el frío y que le valieron las burlas continuas de sus compañeros. "¡ahí viene Ricardo con las medias!", le gritaban.

Ese compañerismo es también un elemento de peso para Darín, que entre todas las razones para aceptar un papel trata de que la económica sea la última.

Por eso rechazó las dos o tres oportunidades que le llegaron de Hollywood, porque no había motivación artística detrás y porque siempre busca el combo perfecto, que para él es "trabajar, que te paguen por ello y además aprender". 

(EFE / 10-4-2017)

CON YAYO HERRERO, REFERENTE MUNDIAL DEL MOVIMIENTO ECOFEMINISTA


por Elisa Romego

“En el ecofeminismo dialogan las perspectivas de la corriente ecologista con las del Movimiento Feminista. Cuando analizamos las raíces culturales, económicas y políticas que hay debajo de la subordinación de las mujeres en las sociedades patriarcales, encontramos raíces comunes que explican por qué la naturaleza se degrada y se destruye en nuestras sociedades, fundamentalmente capitalistas”, sostiene Yayo Herrero, una referente del Ecofeminismo, en diálogo con HOY CANELONES.

Yayo Herrero, de nacionalidad españolaes una antropóloga, ingeniera, educadora social, profesora, activista y referente en el ámbito ecofeminista a nivel mundial. Estos días se encuentra de visita en Uruguay para participar como invitada especial en el IV Debate Feminista en Montevideo organizado por Cotidiano Mujer. En esta nota, Herrero explicó las bases principales del Ecofeminismo, un movimiento que, además de hacer una crítica radical del modelo económico capitalista actual, propone alternativas sustentables para transitar hacia otro modo de vida más justo.

Perspectiva ecofeminista

El Ecofeminismo es un movimiento social de una corriente de pensamiento que nace en los años 70, a la vez que nace el movimiento ecologista. Uno de los puntos fundamentales para comprender el movimiento, es que la vida humana tiene dos características básicas: es totalmente ecodependiente e interdependiente. La vida humana es ecodependiente porque como seres humanos no podemos vivir al margen de la naturaleza. “Somos naturaleza y todo lo que necesitamos para sostener la vida física, pero también para que se pueda sostener la economía, sale de la naturaleza. El agua, los recursos naturales, las materias primas, la capacidad de mantener y renovar los recursos naturales, son una función de la naturaleza que no es fabricada por los seres humanos ni construida por la tecnología”, afirmó Herrero.

Al mismo tiempo somos seres interdependientes, señala, porque “un ser humano en solitario no podría sobrevivir. Para poder sobrevivir, en algunos momentos del ciclo vital (pero sobre todo en la primera infancia, en la vejez, o toda la vida en los casos de personas con discapacidad), hace falta que haya personas que dediquen un montón de tiempo al cuidado de los cuerpos”.

En esta línea, Herrero se refirió a que en la mayoría de las sociedades del mundo en la historia de la humanidad, quienes se han ocupado mayoritariamente del cuidado del cuerpo de las personas han sido mujeres, y que a su vez lo hacen en espacios “invisibles” a la economía y a la política.

Herrero añadió que es un trabajo “que no se puede dejar de hacer si queremos que exista la sociedad y la vida”. Desde el Ecofeminismo se define como un trabajo subordinado que las mujeres hacen casi en solitario, “no porque estén dotadas genéticamente para hacerlo sino porque vivimos en sociedades patriarcales y mayoritariamente los hombres y el conjunto de la sociedad se desresponsabiliza de esa tarea”.

Diálogo permanente

Para el Ecofeminismo, naturaleza y feminismo dialogan permanentemente. Por un lado, porque se ha conformado una economía que no es consciente de las relaciones con la naturaleza, así como tampoco de su degradación. En el modelo actual tampoco se reconocen los aportes de las mujeres a la sociedad y no hay consciencia de que las dificultades son cada vez mayores. “El modelo social donde vivimos no pone como prioridad el mantenimiento y cuidado de las personas, como sí lo hace con los beneficios y el lucro”, sostuvo. “De ese diálogo nosotras encontramos una sinergia muy interesante para repensar el modelo económico y social, y así recomponer una relación con la naturaleza y entre las personas que en este momento consideramos que están rotas”, reivindicó Herrero.

Radical

Los modos de producción y la noción actual de trabajo se encuentran entre las principales críticas que el Ecofeminismo hace el sistema económico capitalista. “Hoy consideramos que producir es lo que se hace en el mercado que genera crecimiento económico, independientemente de qué se produzca, para quién, cómo se reparte esa producción y a costa de qué”, señaló. En esta línea, resaltó que se habla de producción como lo que genera crecimiento económico, a costa de agotar la naturaleza, que es lo que permite que haya vida. Del mismo modo, comentó que “no se considera producción el trabajo que mayoritariamente realizan las mujeres en los hogares, a pesar de que sin ese trabajo no podría haber producción en términos capitalistas y mercantiles”

También se le hace una fuerte crítica a la noción de trabajo como es concebida hoy. “Solo se habla de trabajo como lo que genera salario y las aportaciones que se hacen en la comunidad o en los hogares, no se consideran trabajo. Entonces, a un ama de casa que ha estado disponible siete días por semana, 24 horas, los 365 días del año, las encuestas de población activa la consideran como población inactiva, como si no estuviera produciendo bienes y servicios imprescindibles para la sociedad”, enfatizó Herrero.

 Alternativas sustentables

La clave, desde el Ecofeminismo, está en hacer tres preguntas a la economía: ¿Cuáles son las necesidades que hay que satisfacer para todas las personas?; ¿Qué es lo que hace falta producir?; ¿Cuáles son los trabajos socialmente necesarios? Herrero explicó que en primer lugar resulta necesario detenerse en el concepto de demanda tal como se habla en el sistema capitalista y, en tal sentido, es importante diferenciar qué demanda quien tiene solvencia para hacerlo, pero necesidades tienen todas las personas. “Cuando pensamos en qué sectores sociales hay que alentar desde el punto de vista de las necesidades, nos damos cuenta de que producir alimentos cercanos que no envenenen ni a la tierra ni a las personas es una producción y un trabajo socialmente necesario”, resaltó.

Por otro lado, se plantea pensar en el modelo urbano “que actualmente es altamente insostenible. Podríamos pensar en un modelo de transporte que priorice caminar, la bicicleta y luego el transporte público y desincentivar el transporte motorizado o individual porque no lo podemos permitir a nivel planetario. SI tuviéramos que extender el transporte individual a todo el planeta, no habría ni minerales ni energía para poder sostenerlo”.

También se considera la transición a las energías renovables, “donde habría que realizar importantes inversiones y desarrollar un montón de puestos de trabajo”. Al mismo tiempo, se propone pensar en todos los trabajos relacionales, que son “trabajos más que necesarios para poder cuidar de las personas más vulnerables, en un momento en que la pirámide demográfica está invertida, que tenemos una población sumamente envejecida y en el que las tasas de natalidad decaen, podríamos pensar en cómo poder realizar un trabajo digno que no fuera precario y mal pago”.

Revolución cultural

Pensar en estas alternativas vuelve indispensable considerar una redistribución radical de la riqueza. “Es imposible que en un planeta con límites físicos, se quiera que la economía crezca más y más, a costa de la extracción de materiales finitos y que eso, a su vez, le alcance a todo el mundo”, señaló. Pero también, además de una redistribución de la riqueza, el Ecofeminismo considera necesario una distribución en las obligaciones que recaen en las mujeres por el sistema patriarcal.

Desde el movimiento se propone un cambio cultural importante. “Debemos repensar en las categorías que han entrado a nuestras cabezas y se han quedado ahí”, señaló. Por ejemplo, “pensar que vivir mejor es tener cada vez más para sí mismo, en vez de pensar en que haya lo necesario para todos”. “Es una pequeña revolución sobre todo cultural, se vienen desarrollando propuestas practicas desde hace muchísimo tiempo. Pero necesitamos, ante todo, una ciudadanía que quiera y esté dispuesta a luchar por esos cambios”, concluyó Herrero. 


(Hoy Canelones / 13-7-2017)

ARMONÍA SOMERS, LA QUE VIVÍA EN SÍ MISMA por Marosa di Giorgio


Un perfil exquisito, cruza de dos de las grandes escritoras uruguayas: Marosa Di Giorgio se encarga aquí de la autora de Sólo los elefantes encuentran mandrágora. "Rara vez aparece en público. La oímos decir, ha poco, que cree que un escritor debe guardar su enigma, vivir en los libros, sólo en los libros, para sus lectores". Tomado de Otras vidas (Adriana Hidalgo).

En la vida cotidiana, aparente, y también importante, fue Armonía Etchepare de Henestrosa, educacionista y autora de libros de pedagogía.
En 1950 salta a la notoriedad y al desconcierto público con su relato “La mujer desnuda”. Luego comienzan a aparecer otros cuentos y novelas, que la colocan en un sillón alto y seguro, dentro de nuestras letras y las del mundo.
Muchas veces ha sido estudiada, investigada en países extranjeros, sobre todo en La Sorbona y otras universidades francesas.
En 1996, Ángel Rama, su fervoroso admirador, la ubica en Cien años de raros, con un cuento, “El desvío”, y dice de ella entre otras cosas: “sorprende por la audacia de sus temas, el extraño lirismo de su ambiente y la riqueza de la escritura”.
Luego, en dos tomos, siempre en Editorial Arca, le publicó Todos los cuentos así como algunas de sus novelas: De miedo en miedo, La calle del viento norte y Un retrato para Dickens. En Buenos Aires demoró en ser publicada, por razones económicas, su larga obra Los elefantes no comen mandrágora
Armonía Somers habita un apartamento del Palacio Salvo, ese lugar clave de Montevideo, y su ambiente hogareño, es barroco y presidido por un grande y blanco ángel. Ella habita, pues, la casa del ángel. Pero, también, es la casa del demonio y la mandrágora, la manzana del bien y del mal; extiéndese hasta tornarse campo de espejos e inauditos tulipanes y alacranes. Rara vez aparece en público. La oímos decir, ha poco, que cree que un escritor debe guardar su enigma, vivir en los libros, sólo en los libros, para sus lectores.
Tiene otra residencia a la orilla del mar, Villa Somers, o Somers-ville, que nos dicen es una gran casa misteriosa, que sólo podría ser la casa de Armonía Somers.
Como preámbulo a “El desvío”, anota: “Se trata de una historia vulgar. Pero yo la narro a toda esta gente que está tirada conmigo sobre la hierba donde se produjo el desvío y nos dejaron abandonados. En realidad, no parecen oír ni desear nada. Yo insisto, sin embargo, porque no puedo concebir que alguien no se levante y grite lo que yo al caer. A pesar de los que me preguntaron en lugar de responderme. Algo tan brutalmente definitivo como este aterrizaje sin tiempo”.
Se ve un romance, que comenzó en un tiempo más o menos real. Empezaron a mirarse entre los globos de colores que izaba un niño y que ellos ayudaron a izar y así ambos parecían más bellos.
El ferrocarril y el viaje y el amor empiezan a mostrar, enseguida, una condición desconocida. Las palabras siguen siendo fuertes y veraces y parecen estar demostrando lo cotidiano; es distinto todo aquí a la evocación, a la investigación morosa y nostálgica de Felisberto. Sin embargo, la extrañeza toma, a cada instante, más cuerpo, y los pies comienzan a perder contacto con el suelo, y las alas, que, seguramente, se despliegan, van por un aire enrarecido.
Las manzanas hacen de algún modo, el objeto clave, la textura del cuento, en su bíblico significado, pero también podrían ser los frutos de los valles de la muerte, Ávalon, Apple, en las nórdicas mitologías.
“El desvío” es un cuento y canto, mordaz, iluso, de amor y desamor, de gloria y fin, con gusto a manzanas.
“Se nos entreveraban ya las cosas a través del vidrio (pájaro con árbol, casa con jardín y gente, cielo con humo y nada). Tuve por breves instantes la impresión de un rapto fuera de lo natural, casi de desprendimiento”.
“Los dejamos a todos boquiabiertos, agarrados al nombre real de las cosas con la cohesión de un banco de ostras. Comer manzanas era para nosotros la significación total del amor, y nos capitalizábamos en su desgaste como si hubiésemos descubierto los trajes del verano.” “No será cuestión de continuar aquí toda la vida. Al pronunciar aquella última palabra sentí algo sospechoso en el plexo solar, pero la seguí repitiendo sordamente –vida, vida– en cierto plan de sospechas sobre la especie de trampa en que pudiera haber caído.”
“No me dejó ni agonizar. Percibí claramente el ruido de cerrojo de la aguja al hacerse el desvío, trasmitido de los rieles a mi corazón como un latido distinto. Y luego, mi caída violenta sobre la maleza.
–¡Eh, dónde está la estación, dónde venden los pasajes de regreso! ¡El número, sí, aquí está en mi memoria, el número de aquella casa demolida! Entonces fue cuando lo oí, a la grupa del convoy que se alejaba de mí.
–¿Qué estación, qué regreso, qué casa...?” 
Todos los cuentos, dos volúmenes, editados por Arca, cuando era conducida por Ángel Rama, reúne la producción narrativa de Armonía Somers desde 1953 a 1967, y creemos que es la más importante porción de su obra.
Se abre a nuestro conocimiento una planicie insólita y erizada, donde todo crepita, provoca, es cruel, sexual, doloroso y desconocido.
Hay un correrse de velos que dejan a la luz desvíos y torturas, contracciones y abismo insondables del cielo y de la tierra.
El cuento primero del tomo primero se ha hecho célebre. Es “El derrumbamiento”.
El argumento podría ser contado en muy pocas palabras: Un negro mísero, asesino por casualidad, se encuentra con la Virgen, la Inmaculada y se produce una especie de diálogo y sinfonía, un entresueño erótico y doloroso, que se deshace con el fallecimiento del negro y de todos los circunstantes.
El lenguaje es rotundo, diríamos realista, y con él se va haciendo la golpeante historia.
Ya singulariza todo el hecho de que el protagonista masculino sea un negro, un perseguido, frente a la diáfana y segura Niña de los Cielos.
La contraposición y aproximación, a la vez, las dos cosas, corren desde el principio al fin. El negro descubre, esculpe, a la Virgen, con sus alucinadas pupilas y su lenguaje.
Anotamos el poemario que sale de la boca del negro, en porciones, repartido, por todo el tiempo del relato.
Virgencita, rosa blanca del cerco. Mi rosa sola, ayuda al pobre negro que mató a ese bruto blanco, que hizo esa nadita hoy. Mi rosa sola, mi corazón de almendra dulce, rosa clara del huerto. Rosita blanca. Dulce prenda. Virgen blanca. Usté, rosita blanca del cerco. Rosita sola asomada al cerco. Lirito claro.
Yo le inventé un canto dulce, robaré a las cañas todo lo que ellas dicen y lloran. Niña clara. Niña de los pies de cera.
¡Vuélvase al plinto! Vuélvase, rosa dulce, vuélvase al sitio de la rosa clara!
–¿Y cómo he de hacer yo, lirito dulce, para fundir la cera?
Dulce perla sola.
Pies de gardenias. Dos gardenias vivas. Piernas de fina rosa.
Varas de la santa flor. Varas de jacinto tierno.
Muslos suaves, blandos como lagarto bajo un sol de invierno. Narciso de oro, huerto cerrado.
Pero el acontecer es terrible. Él es un misérrimo ser con el alma inocente, en medio de una noche de demonios, huyendo de él mismo, entra en la casa de los desposeídos, donde hay un resto de gasa sucia, “movediza y obsesionante”; se dice que parece encarnar al viento, y a la locura.
Descubre a la Niña del Cielo, que es en el principio una estatuilla dulce, hecha de loza y rositas, y luego, va tomando estatura, movimiento y voz, y hace su descendimiento como una lágrima y como una mujer y hace como una ofrenda de sí misma, a lo más triste y desposeído de la tierra. Sólo que está tejido en forma atroz y perfumada romanza. En lacerante contrapunto.
El negro no llegará a invadir el capullo de oro, porque lo que está viviendo es ya el ensueño de la muerte, del fin.
Antes del aniquilamiento de él y de todo lo que le rodea, la Virgen desaparece:
Porque ella es fina y clara como media luna, apenas si necesita una pequeña abertura para su fuga. Un viento triste y lacio se la llevó en la noche: El episodio de “La inmigrante”, que también podríamos denominar “Violeta de Parma”, destaca un tema hasta ha poco prohibido, por lo menos en los ambientes sudamericanos coloniales. Está ejecutado con gran fineza y halo poético. Hay un ir y venir de cartas de madre a hijo, joven madre, apenas cuarenta años, donde el segundo llega a enterase, a destejer una trama apasionada y nostálgica de la vida de la primera.
El amor del hijo hacia la madre, con el complejo edípico, se traza en la arena, en forma de oval línea que él dibuja en torno de su espléndida y sensitiva progenitora, como diciendo: NADIE PASARÁ.
Adentrado en el pretérito drama de amor de ella por una niña veinteañera perfumada con Violeta de Parma, y luego llamada así, el adolescente se impacta, sube y luego odia y desprecia a quien se atreviera a marginar sentimentalmente a su madre, eligiendo la vulgaridad del casamiento.
Ese es el argumento que, creemos, movió a escándalo al lector montevideano de la década del cincuenta. Ahora, el cine, el teatro, libros, tratados de psicosexología han puesto casi en claro los hilos más íntimos de muchos enigmas.
Pero, como siempre, la anécdota es cosa secundaria. Armonía Somers logra bellas páginas; es un cuento algo más largo de lo común en ella, y el estilo mantiene su elegancia, una gracia algo oblicua, un perfume de... Violeta de Parma.
Por ejemplo:
Quisiera verle una vez más. Pero fuera de esta ciudad, lejos de aquí, en un weekend del otro mundo. ¿Dónde, dónde?
Veníamos desde un mundo viejo y achatado por añadidura. En cambio de esa sordidez, a ella le hubiera sido sólo preciso un pequeño cesto en la cadera para que aquel cuartucho miserable floreciese como un campo sembrado de tulipanes. La alfombra desgastada como la misma tierra que nos mecía la fue trayendo lentamente. Yo miraba los pies de hueso largo, esos que parecen suelo como si danzaran a cada paso. Pero aquellos pies eran el tallo que sostenía la flor entera.
Una especie de sol anfibio empezó finalmente a colarse por las rendijas. Sin duda había cesado de llover, pero yo oía caer agua, siempre más agua. Entreabrí apenas la puerta que daba al exterior y la vi. Se desplomaba del molino desbordado en una especie de cabellera líquida. Violeta, del color de su nombre, dormía boca arriba entre la realidad de cuarto adentro y mis ojos sonámbulos que la levantaban hasta el molino.

(Eterna Cadencia / 20-8-2017)

SANDINO NÚÑEZ (3): HUMANIDAD 2.0: EL CAPITALISMO ALCANZA SU CONCEPTO


I (3)

Si la definición de ideología se asociaba habitualmente con la frase marxiana de “no lo saben pero lo hacen”, hoy habría que completar esa frase: “no lo saben pero lo hacen, porque lo saben hacer (y por eso lo siguen haciendo)”. O el cristiano “(Perdónalos Señor) no saben lo que hacen”, en no saben lo que hacen, pero saben hacerlo. Ahora el problema no es el misterio de qué es o qué significa o qué sentido tiene eso que hacemos (y que no sabemos, negativamente), sino la certeza (positiva) del propio saber-hacer (neutro), el saber técnico de nuestras prácticas sensorio-motrices expresable como un campo de conocimiento operacional objetivado (tecnología). La neutralidad de la técnica se ha vuelto directamente positiva —y ahí se consagra plenamente la abstracción tecnológica. El saber hacer técnico ahora se maneja y se potencia como un saber saber hacer tecnológico: la neutralidad de la interfaz y de las acomodaciones enactivas ya no se abstrae en la construcción de un mundo objetivo sino que se objetiva y se prolonga ella misma, explícitamente, como un sistema de conocimiento práctico directamente accesible al propio usuario en la forma de un prospecto, de un mapa o de una consola operacional. Un par de ejemplos extremos (aunque bastante evidentes) pueden resultar útiles.

1. Do it by yourself. La convocatoria neoliberal (o pos-neoliberal, para el caso importa poco) a las fuerzas productivas y al trabajo en términos de adaptación al nuevo ambiente o máquina o sistema o juego de un mercado global, reintroduciendo en la matriz tecno-económica, ya como operadores o agentes o distribuidores de economía, a aquellos que han quedado del lado malo de la máquina y a aquellos que podían llegar a vivirse y a pensarse como alienados en y por la máquina, fue verdaderamente simple e inspirada. Cantidades fabulosas de dinero provenientes de organismos multilaterales y de organizaciones internacionales de asistencia destinadas a fomentar a las micro y a las pequeñas empresas, a estimular el espíritu de emprendimiento, a cruzar ese espíritu en clusters de minorías o identidades descontentas (emprendimientos para madres solteras, para afrodescendientes, para mujeres solas, para comunidades altersexuales), que se sintetizan siempre en el comando o la consola técnica de la economía como conocimiento objetivo de las reglas del juego del mercado. Todo reforzado y apoyado en un incesante sermón de autoayuda protestante (que se estribilla en la educación, en la publicidad, en los medios, en los Estados), lleno de “se puede”, de operadores o agentes circulando por el sistema (operadores proactivos o reactivos, según sean buenos o malos), siempre provistos de una consola práctico-operacional que permite una especie de bricolaje adaptativo de autosuperación o de autoconstrucción (de reactivos a proactivos, y de proactivos a más proactivos), de resiliencia y de superación de las dificultades, de aprendizaje de los errores y reconocimiento de las oportunidades, de desempeño, rendimiento, plan, proyecto, viabilidad, ejecución, previsión, riesgo, márgenes de error. El sueño de no tener dueños o patrones, de manejar técnicamente mis propios recursos y mis propios instrumentos de producción, de ser en suma el gestor de mí mismo, de administrar mi tiempo y mi beneficio, se parecía a la libertad y a la felicidad en un mundo que había extendido a escala global y a la vez microscópica el ambiente agonístico del mercado, el intercambio y los negocios. Todos y cada uno de los cuerpos provistos del objeto mágico: la consola tecnológica desde la cual el cuerpo real puede manejar, mejorar y corregir su desempeño y su rendimiento. La desproletarización y la lumpenización técnica de la fuerza de trabajo fue brutal en todos los niveles. El trabajo y el capital ya no eran fuerzas contradictorias (desde una perspectiva técnica, ya lo hemos observado, nunca lo han sido): ahora podían trabajar cooperativamente para conducir al todo al bienestar y a la excelencia. Aunque después de la explosión todo quede exactamente en su viejo lugar (el viejo patrón que explota mi cuerpo como fuerza de trabajo es ahora un cliente al que le vendo mis servicios), lo que ha ocurrido es una diseminación masiva y global de la economía que es al mismo tiempo una concentración narcisista y microscópica del cuerpo que trabaja, produce o comunica, ensimismado en la verdad técnica definitiva de su propio saber-hacer y saber-funcionar. El capitalismo podía ser un momento histórico positivo, pero la lógica del capital es plenamente neutra. El cuerpo deja entonces de ser una fuerza y una potencia (negativa), e incluso deja de ser un objeto (positivo), para pasar a plantearse plenamente como fórmula (neutra), como algoritmos y operaciones. Como un mapa de acupuntura que releva los puntos que pueden tocarse, estimularse o inhibirse para lograr el resultado necesitado o deseado. Eso es lo que hemos llamado consola operacional: el comando desde el cual manejar remotamente las operaciones de todo el sistema. Una consola neurológica: todo el ser humano (lo que siente, lo que hace, lo que cree, lo que piensa) puede ser descrito y manejado como un sistema de interacciones electroquímicas complejas que ocurren en el cerebro. Una consola genética: todo el ser (su estructura, su desarrollo, sus propensiones, sus aptitudes, sus competencias) puede ser descrito y manejado como un sistema que surge de la combinación de unas pocas proteínas. Una consola energética o una consola conductual: todo el ser se describe y se maneja como un sistema de circulación de energías de distinta procedencia, intensidad y complejidad (hábitos alimenticios o sexuales, socialización, comunicación, etcétera). El cuerpo como operador positivo de economía ha sepultado al clásico malestar negativo del sujeto alienado, porque la tecnología es la consola o el control mágico que nos ha sido obsequiado como un espacio virtual o transicional neutro en el que las actividades y prácticas del cuerpo se perfeccionan, verifican y son devueltas al propio cuerpo, permanentemente, en la forma del placer inerte, sordo y elemental de la pericia y la destreza.

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN (36) - CARLOS CASTANEDA


PRIMERA PARTE  “LAS ENSEÑANZAS”
(Una forma yaqui de conocimiento)

IV (3)

Jueves, 12 de abril, 1962

-¿Por qué no me dice más sobre Mescalito, don Juan?

-No hay nada que decir.

-Ha de haber miles de cosas que yo debería saber antes de encontrarme de nuevo con él.

-No. A lo mejor para ti no hay nada que debas saber. Como ya te dije, no es el mismo para todos.

-Lo sé, pero de cualquier modo me gustaría saber qué opinan otros acerca de él.

-La opinión de aquellos que se preocupan por hablar de él no vale mucho. Ya verás. Lo más probable es que hables de él hasta cierto punto, y de allí en adelante no vuelvas a mencionarlo.

-¿Puede usted contarme de sus primeras experiencias?

-¿Para qué?

-Así sabré cómo portarme con Mescalito.

-Tú ya sabes más que yo. Jugaste de verdad con él. Algún día verás cuán bueno fue contigo el protector. Estoy seguro de que esa primera vez te dijo muchas, muchas cosas, pero estabas sordo y ciego.

EL TEATRO Y SU DOBLE (7) - ANTONIN ARTAUD


EL TEATRO Y LA PESTE (3)

La peste de 1720 en Marsella nos ha proporcionado las únicas descripciones del flagelo llamadas clínicas.

Pero cabe preguntarse si la peste descrita por los médicos de Marsella era realmente la misma de 1347 en Florencia, que inspiró el Decamerón. La historia, los libros sagrados, y entre ellos la Biblia, y algunos antiguos tratados médicos, describen exteriormente toda clase de pestes, prestando aparentemente menos atención a los síntomas mórbidos que a los efectos desmoralizadores y prodigiosos que causaron en el ánimo de las víctimas. Probablemente tenían razón. Pues la medicina tropezaría con grandes dificultades para establecer una diferencia de fondo entre el virus de que murió Pericles frente a Siracusa (suponiendo que la palabra virus seas algo más que una mera conveniencia verbal) y el que manifiesta su presencia en la peste descrita por Hipócrates, y que según tratados médicos recientes es una especie de falsa peste. De acuerdo con estos mismos tratados sólo sería auténtica la peste de Egipto, nacida en los cementerios que el Nilo descubre al volver a su cauce. La Biblia y Heródoto coinciden en señalar la aparición fulgurante de una peste que diezmó en una noche a los ciento ochenta mil hombres del ejército asirio, salvando así al imperio egipcio. Si el hecho es cierto, el flagelo sería entonces el instrumento directo o la materialización de una fuerza inteligente, íntimamente unida a lo que llamamos fatalidad.

Y esto con o sin el ejército de ratas que asaltó aquella noche a las tropas asirias, y cuyos arneses royó en pocas horas. Puede comprarse este hecho con la epidemia que estalló en el año 660 antes de J.C. en la ciudad sagrada de Mekao, en el Japón, en ocasión de un simple cambio de gobierno.

La peste en 1502 en Provenza, que proporcionó a Nostradamus la oportunidad de emplear por vez primera sus poderes curativos, coincidió también en el orden político con esos profundos trastornos (caída o muerte de reyes, desaparición y destrucción de provincias, sismos, fenómenos magnéticos de toda clase, éxodo de judíos) que preceden o siguen en el orden político o cósmico a los cataclismos y estragos provocados por gentes demasiado estúpidas para prever sus efectos, y no tan perversas como para desearlos realmente.

Cualesquiera sean los errores de los historiadores o los médicos acerca de la peste, creo posible aceptar la idea de una enfermedad que fuese una especie de entidad psíquica y que no dependiera de un virus. Si se analizan minuciosamente todos los casos de contagio que nos proporcionan la historia o las memorias sería difícil aislar un solo ejemplo realmente comprobado de contagio por contacto, y el ejemplo de Boccaccio de unos cerdos que murieron por oler unas sábanas que habían envuelto a unos apestados basta para mostrar una especie de afinidad misteriosa entre el cerdo y la naturaleza de la peste, afinidad que se debiera analizar más a fondo.
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